Autora: Carla Carulla, psicóloga infantojuvenil en Elisabet Rodríguez – Psicologia i Psicopedagogia (Granollers).
El concepto de Dolor Crónico
El dolor crónico es una condición que afecta a millones de personas en todo el mundo. A diferencia del dolor agudo, definida como una respuesta natural del cuerpo a una lesión o enfermedad, el dolor crónico persiste durante meses o incluso años y afecta significativamente la calidad de vida de quienes lo sufren. Diferentes abordajes psicoterapéuticos se han convertido en una herramienta importante para manejar el dolor crónico y mejorar el bienestar general de los pacientes.
Esta realidad no es poco común, según datos de La Fundación Grünenthal y el Observatorio del Dolor de la Universidad de Cádiz se estima que un 26% de la población española experimenta dolor crónico. El dolor crónico suele desencadenar un malestar significativo y una interferencia en el funcionamiento y en la calidad de vida de las personas que conviven con él.
La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP) define el dolor agudo como una experiencia sensorial y emocional desagradable, asociada a un daño actual o potencial del tejido. Cuando esta vivencia dolorosa está presente más de seis meses, se pasa a denominar dolor crónico; lo que se suele considerar como un problema biopsicosocial, entendiendo que el dolor crónico es el resultado de una combinación de factores biológicos, psicológicos y sociales. Así, el enfoque de tratamiento debe basarse del mismo modo en un enfoque multimodal.
En este enfoque multimodal, es importante atender a los factores sociales de las personas expuestas a dolor crónico, como por ejemplo la clase social y el género. La escasez de recursos económicos en una persona que padece dolor crónico actúa como factor de vulnerabilidad y de riesgo para un dolor más incapacitante e interferidor. Asimismo, la mayor prevalencia de dolor crónico en mujeres se puede explicar por varias razones. En primer lugar, las personas socializadas como mujeres suelen estar más dispuestas a expresar su dolor, así como también están también más expuestas a potenciales factores de riesgo y a factores de vulnerabilidad como exposición temprana al estrés. Por otra parte el género femenino tiende a desempeñar de rol de cuidadora en paralelo al rol profesional y doméstico, presentando problemas de conciliación, dificultades en la autorrealización personal y profesional más allá de la crianza o falta de apoyo familiar, entre otros.

Los modelos explicativos del Dolor Crónico
Se resumen en tres modelos subyacentes, los que ofrecen una descripción sobre el origen y desarrollo del dolor crónico: el Modelo Médico/Patológico, el Modelo de Miedo y Evitación del Dolor y el Modelo de la Flexibilidad Psicológica.
El modelo médico diferencia entre dos tipos de dolor, el de causa orgánica o el de causa psicológica o de cariz psicosomática. En algunos casos, este modelo puede ofrecer una buena respuesta, pero no suele ser lo más habitual en casos de dolor crónico, considerando que otorgar una mirada puramente biológica sin atender a aspectos psicológicos y/o sociales deviene insuficiente.
La terapia Cognitivo-Conductual fomenta la toma de consciencia y comprensión de cómo los sentimientos, creencias y pensamientos afectan a las emociones y conductas en relación al dolor. El modelo de Miedo y Evitación del Dolor pone énfasis en el impacto emocional y sobre el malestar psicológico de las interpretaciones catastrofistas de las sensaciones dolorosas. A raíz de dicha activación, la persona suele desencadenar una hipervigilancia a los estímulos o sensaciones dolorosas que conducen finalmente a la evitación de movimientos, actividades y sitios que podrían producir dolor. Es un círculo que se retroalimenta generando mayor dolor físico, menor movimiento, mayor sintomatología ansiosa y depresiva y mayor interferencia en la funcionalidad.
Finalmente, desde el modelo de la Flexibilidad Psicológica se plantea que la inflexibilidad psicológica está compuesta por dos aspectos: en primer lugar, la evitación, entendida como la tendencia a alejarse de actividades o sitios en respuesta a la experiencia de dolor o a pensamientos asociados al dolor; y, por otro lado, la fusión cognitiva, entendida como la incapacidad de tomar distancia con los propios pensamientos y emociones. La Terapia de Aceptación y Compromiso, a través de la combinación de estrategias cognitivo conductuales y de atención plena (como el Mindfulness), trata de ayudar a la persona a abandonar la lucha y resistencia al dolor y a otras experiencias emocionales asociadas para fomentar la aceptación y la atención al momento presente, así como orientar la conducta en consonancia con las metas y valores personales en función de la situación presente.
Psicopatología asociada al Dolor Crónico
El dolor crónico se encuentra muy asociado a sintomatología ansiosa y depresiva, y varios estudios han encontrado ya relación positiva significativa entre las variables mencionadas en los modelos descritos anteriormente (catastrofización, hipervigilancia al dolor e inflexibilidad psicológica) con la ansiedad y la depresión. Del mismo modo, se ha encontrado una relación negativa significativa entre el malestar psicológico y la aceptación del dolor y el mindfulness; viendo así que las variables principales de ambos modelos presentan una base empírica en el manejo del dolor crónico.
No obstante, cabe no obviar que el abordaje del dolor crónico debe ser personalizado en cada caso, evaluando bien las variables psicológicas, biológicas y sociales de cada persona y el contexto personal presente y pasado de quien lo sufre. Integrar la psicoterapia en el plan de tratamiento del dolor crónico, es un paso fundamental para que las personas con dolor puedan recibir un tratamiento más completo, acompañando al individuo así a vivir de manera más plena y satisfactoria a pesar de su dolor.
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