Autora: Carla Carulla, psicóloga infantojuvenil en Elisabet Rodríguez – Psicologia i Psicopedagogia (Granollers).
En varios artículos y publicaciones anteriores se ha abordado el tema del duelo, que es un proceso vital que puede generar mucho sufrimiento por el cual pasamos todas las personas en algún momento u otro. De hecho, ciertas emociones que en otros contextos pueden ser juzgadas o invalidadas como la tristeza, en un proceso de duelo son aceptadas y normalizadas. Así, se entiende que “hay un motivo” para expresar esta tristeza. Sin embargo, sigue habiendo aún cierto desconocimiento sobre los procesos de duelo y se suele cuestionar también la duración de dicha emoción, así como en el momento o en el espacio en los que aparece.
Y todo esto se ve muchísimo más incrementado cuando hablamos de duelo perinatal. De hecho, es probable que algunas personas puedan desconocer este término o que entren dudas acerca de lo que este concepto se refiere. Es por eso por lo que hoy dedicamos el presente artículo a este tipo de duelo tan desconocido e invalidado.
El concepto de duelo
El duelo es una vivencia universal y natural que experimentamos tras una pérdida. A lo largo de nuestras vidas todos nos enfrentamos inevitablemente a procesos de duelo y la vivencia de dichos procesos puede ser muy dolorosa. Es preciso recordar que el duelo consiste en un proceso natural para el cual los humanos estamos preparados para transitar. Así, se entiende que un proceso de duelo no es patológico en sí mismo, aunque sin embargo, en algunas ocasiones y debido a las características vinculadas a la experiencia de la muerte o al grado de aceptación social de este proceso, pueden aparecer complicaciones y derivar en procesos patológicos.
El modelo teórico más extendido sobre el duelo describe este proceso en cinco etapas, que se corresponderían con la negación, la rabia, la negociación, la depresión y la aceptación. Sin embargo, otros enfoques más recientes definen el duelo como un proceso activo en el cual se promueve la elaboración sana de la pérdida; describiendo así cuatro tareas imprescindibles para elaborar una pérdida:
1. Aceptar la realidad de la pérdida.
2. Aceptar y reconocer las emociones y el dolor de la pérdida, entender que son naturales, pasajeras, y no tratar de evitarlas.
3. Adaptarse a un mundo sin el ser querido fallecido.
4. Recolocar emocionalmente al fallecido y seguir viviendo: encontrar un vínculo perdurable con la persona fallecida y generar otros comportamientos adaptados al medio sin esa persona.

¿Qué es el duelo perinatal?
El duelo perinatal consiste en el proceso de duelo que se da a raíz de la muerte perinatal, es decir, el fallecimiento del feto o del bebé producido durante el embarazo, el parto o los 28 días después del nacimiento.
El duelo perinatal suele ser un duelo manifiestamente silenciado a nivel social e institucional. Aún en la actualidad se detecta cierto desconocimiento en torno a este tipo de duelo y una gran falta de habilidades para acompañar a las dolientes. Las mujeres y familias que pasan por este duelo expresan que en ocasiones se encuentran con una falta de información para poder tomar decisiones de manera consciente, así como también pueden sentir cierta frialdad o un grado de sensibilidad insuficiente por parte del equipo profesional que les atiende, poca coordinación entre ellos o profundos sentimientos de soledad emocional tras el alta.
Por otro lado, los profesionales también manifiestan carencias en torno a su formación y sus habilidades para la gestión de este tipo de muertes y duelos. Expresan que en algunas circunstancias desconocen la forma en cómo expresar la mala noticia y qué decir después, así como qué acciones o prácticas pueden favorecer la elaboración del duelo previniendo así los duelos patológicos, una falta de espacios para dichos procesos o carencias en la coordinación entre profesionales y el seguimiento posterior, entre otros.
Las consecuencias emocionales en el duelo perinatal
Es de gran importancia la formación de profesionales en el ámbito y la identificación de las buenas prácticas clínicas en estos casos, ya que las consecuencias que puede tener esta situación en el estado emocional de las madres son considerables. Se ha observado que entre el 10% y el 30% de las mujeres que pasan por un duelo perinatal sufren síntomas clínicos de ansiedad, depresión, trastorno por estrés postraumático y duelo patológico durante los meses y años posteriores al fallecimiento perinatal. Así, cabe evitar silenciar el dolor o restarle importancia, siendo muy necesario validar, reconocer y legitimar ese dolor en las personas que lo sufren y darles un espacio para expresar y compartir esta experiencia. Es esencial tener en cuenta la particularidad de este tipo de duelo, que es que a la pérdida del bebé se le añaden otras pérdidas intrínsecas que representaran diferentes duelos, como por ejemplo: la pérdida del rol de madre o padre si es el primer hijo, la pérdida de la composición familiar, las proyecciones de futuro establecidas en torno a ese hijo, la confianza y seguridad en torno a otros embarazos y partos, la posibilidad de crear recuerdos, la pérdida de apoyo por parte de familia o amistades, etc.
En relación con las estrategias de afrontamiento, se ha observado que la evitación emocional puede representar un predictor para el duelo complicado. Así como también la rumia, que no deja de estar estrechamente relacionada con los procesos evitativos. Por otro lado, estrategias de afrontamiento como la aceptación del hecho, la resignación, la expresión emocional y compartida del dolor, la búsqueda de soluciones y la reinterpretación positiva del suceso favorecen duelos adaptativos. Las buenas prácticas por parte de los profesionales, así como el apoyo social y familiar también son factores predictores de duelos sanos.
Actualmente prácticas como el permitir ver, sostener y tocar al hijo/a si se desea y la creación de cajas de recuerdos donde incluir las fotografías, ecografías, pulseras del hospital, certificados, ropa o regalos para el hijo/a, son prácticas que se fomentan con el objetivo de crear recuerdos del niño/a y permitir un contacto simbólico con él/ella, dándole su espacio dentro de la familia.
A modo de conclusión
Las particularidades de este tipo de duelos, la falta de formación de profesionales y el desconocimiento general sobre el duelo perinatal y el sostener el sufrimiento de las madres y padres que pasan por ello, hacen que sea un duelo especialmente complejo y con unas necesidades personales y específicas que hay que saber identificar y atender.
Si estáis pasando por un proceso de duelo por muerte perinatal os recomendamos que os dejéis guiar y acompañar por profesionales de la psicología formados en el tema.
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