Autora: Montse Vaca, neuropsicóloga en Elisabet Rodríguez – Psicologia i Psicopedagogia (Granollers).
El trastorno del espectro autista es un trastorno del neurodesarrollo que afecta la comunicación, la interacción social y el comportamiento. Aunque la diversidad de manifestaciones del autismo es amplia, algunos rasgos característicos incluyen patrones de comportamiento repetitivos, intereses restringidos y dificultades en la comunicación social. Este trastorno se manifiesta de manera diferente en cada individuo, y su comprensión ha evolucionado a lo largo del tiempo.
El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, quinta edición (DSM-V), es una herramienta fundamental utilizada por los profesionales de la salud mental para diagnosticar el autismo. Según los criterios del DSM-V, se deben cumplir ciertos criterios en dos áreas principales: déficits persistentes en la comunicación e interacción social, y patrones restrictivos y repetitivos de comportamiento, intereses o actividades. La presencia de estos síntomas debe observarse en la infancia, aunque puede no ser evidente hasta que las demandas sociales superen las capacidades limitadas del individuo o se manifiesten desafíos en el funcionamiento cotidiano.

El trastorno autista, según el manual de referencia DSM-V
Los criterios diagnósticos para este trastorno, según el DSM-V, son los siguientes:
A. Déficits persistentes en comunicación social e interacción social a lo largo de múltiples contextos, según se manifiestan en los siguientes síntomas, actuales o pasados:
1. Déficits en reciprocidad socio-emocional; rango de comportamientos que, por ejemplo, van desde mostrar acercamientos sociales inusuales y problemas para mantener el flujo de ida y vuelta normal de las conversaciones; a una disposición reducida por compartir intereses, emociones y afecto; a un fallo para iniciar la interacción social o responder a ella.
2. Déficits en conductas comunicativas no verbales usadas en la interacción social; rango de comportamientos que, por ejemplo, van desde mostrar dificultad para integrar conductas comunicativas verbales y no verbales; a anomalías en el contacto visual y el lenguaje corporal o déficits en la comprensión y uso de gestos; a una falta total de expresividad emocional o de comunicación no verbal.
3. Déficits para desarrollar, mantener y comprender relaciones; rango de comportamientos que van, por ejemplo, desde dificultades para ajustar el comportamiento para encajar en diferentes contextos sociales; a dificultades para compartir juegos de ficción o hacer amigos; hasta una ausencia aparente de interés en la gente.
B. Patrones repetitivos y restringidos de conductas, actividades e intereses, que se manifiestan en, al menos dos de los siguientes síntomas, actuales o pasados:
1. Movimientos motores, uso de objetos o habla estereotipados o repetitivos (ejs., movimientos motores estereotipados simples, alinear objetos, dar vueltas a objetos, ecolalia, frases idiosincrásicas).
2. Insistencia en la igualdad, adherencia inflexible a rutinas o patrones de comportamiento verbal y no verbal ritualizado (ejs., malestar extremo ante pequeños cambios, dificultades con las transiciones, patrones de pensamiento rígidos, rituales para saludar, necesidad de seguir siempre el mismo camino o comer siempre lo mismo).
3. Intereses altamente restringidos, obsesivos, que son anormales por su intensidad o su foco (ejs., apego excesivo o preocupación excesiva con objetos inusuales, intereses excesivamente circunscritos o perseverantes). DSMV. Trastorno del Espectro de Autismo. 2
4. Hiper- o hipo-reactividad sensorial o interés inusual en aspectos sensoriales del entorno (ej., indiferencia aparente al dolor/temperatura, respuesta adversa a sonidos o texturas específicas, oler o tocar objetos en exceso, fascinación por las luces u objetos que giran).
La evaluación del autismo en niños a menudo implica la observación de interacciones sociales, el análisis del desarrollo del lenguaje y la comunicación, y la identificación de comportamientos repetitivos. Además, los profesionales pueden utilizar escalas estandarizadas y cuestionarios para recopilar información sobre el comportamiento del niño en diferentes contextos. Es crucial involucrar a los padres y maestros en este proceso, ya que su perspectiva proporciona una visión integral del comportamiento del niño en diferentes entornos.
A medida que las personas con autismo envejecen, las características del trastorno pueden manifestarse de manera diferente, y la evaluación en la edad adulta presenta desafíos únicos. Los adultos pueden haber desarrollado a lo largo de los años distintas estrategias de afrontamiento para disimular ciertos comportamientos en situaciones sociales, lo que dificulta la identificación de los síntomas. La evaluación en adultos a menudo se centra en la historia clínica, entrevistas detalladas y observaciones de comportamientos actuales.
Intervención en los trastornos del espectro autista
La intervención temprana es esencial para mejorar los resultados en individuos con autismo. En la infancia, las terapias basadas en el juego y en el desarrollo del lenguaje son comunes. La terapia del habla y la ocupacional también son herramientas valiosas para abordar las dificultades en la comunicación y las habilidades motoras. A medida que los niños con autismo ingresan a la escuela, pueden beneficiarse de programas educativos estructurados y adaptados a sus necesidades específicas.
Referencias bibliográficas
American Psychiatric Association. (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (5ª ed.). Arlington, VA: American Psychiatric Publishing.
Ministerio de Salud y Protección Social, Idetes. Protocolo clínico para el diagnóstico, tratamiento y ruta de atención integral de niños y niñas con trastornos del espectro autista. 2015. 5.
Mulas FR, Ros-Cervera G, Millá MG, Etchepareborda MC, Abad L, Téllez de Meneses M. Modelos de intervención en niños con autismo. Rev Neurol. 2010;50(Suppl 3):S77-84.