Autora: Carla Carulla, psicóloga infantojuvenil en Elisabet Rodríguez – Psicologia i Psicopedagogia (Granollers).
El verano es una época que suele ir acompañada de algunos días de vacaciones. Durante este periodo, hay quienes aprovechan para viajar y conocer nuevos lugares; en ocasiones, implicando esto tener que desplazarse mediante vuelos en avión. Esto puede generar ilusión, pero también respuestas emocionales como el miedo o la ansiedad. La fobia a volar, también conocida como aerofobia, es un miedo irracional y persistente que puede interferir de manera importante en el disfrute o incluso en la realización de los viajes en avión.
¿Qué es realmente la aerofobia?
La aerofobia es una fobia específica clasificada como trastorno de ansiedad en el manual DSM-5, que afecta a aproximadamente el 13% de la población en algún grado, llegando a cumplir criterios para fobia a volar un 1,3% de la población. Las personas que padecen esta fobia experimentan una intensa ansiedad ante la idea de volar, pudiéndose manifestar en síntomas físicos como sudoración, mareos, palpitaciones y dificultades para respirar. En muchas ocasiones, el miedo es tan intenso que puede llevar a la evitación completa de volar.
Es importante matizar que el hecho de no volar no es por sí mismo un problema; de hecho, puede ser beneficioso incluso realizar una reflexión sobre el tipo de turismo que realizamos y el impacto medioambiental que este puede ocasionar. No obstante, cuando el coger un vuelo se convierte en una imposibilidad por el miedo intenso y genera interferencia tanto a nivel laboral (si se precisan viajes) o a nivel personal (por deseo), puede ser objeto de trabajo en terapia.
¿Qué aspectos se temen en la fobia a volar?
En diferentes personas pueden existir diversos aspectos temidos: desde la posibilidad de accidente y, por lo tanto, de daño o muerte; a miedo a la altura; temor a estar encerrado en un sitio pequeño; miedo a no tener el control o perder el control de uno mismo (experimentar desmayos o infartos, etc.); temor a tener un ataque de pánico, etc., junto a la sensación de no poder escapar de la situación.
Las personas que lo padecen describen habitualmente las siguientes características:
– La presencia de sintomatología ansiosa como sudores, mareos, náuseas, palpitaciones, dificultades en la respiración y presión en el pecho, entre otras.
– Frecuentes pensamientos intrusivos relacionados con la pérdida de control, el temor a sufrir un ataque de ansiedad o sufrir un accidente.
– Y un deseo intenso de escapar y salir de la situación.
¿Por qué se origina este temor intenso?
Una parte importante de las personas que tienen miedo a volar han sufrido alguna vez en su vida una situación traumática en el avión, pudiendo ser desde un fallo técnico en el avión, un vuelo con muchas turbulencias o un aterrizaje de emergencia. Es habitual que un evento de estas características pueda detonar una fobia posterior. Sin embargo, no todas las personas que presentan dicho miedo han sufrido una experiencia traumática en el avión en primera persona; en ocasiones el hecho de verlo por las noticias o conocer a alguien cercano que lo haya sufrido puede ser suficiente para desencadenar el miedo.

¿Qué mantiene esta fobia?
Cuando se experimenta un miedo muy intenso como puede ser el que aparece en una fobia, se activan una serie de mecanismos o intentos de solución que muchas veces forman parte de los mantenedores del problema. De manera habitual, el primer mantenedor suele ser la evitación. Es frecuente que la persona intente por todos los medios evitar el subirse en un avión, buscando alternativas como el barco o el tren si son posibles o llegando a cancelar viajes en los que se tiene que ir en avión por ese miedo. A corto plazo, la evitación alivia la ansiedad, pero a medio largo plazo mantiene la expectativa de peligro, evita que la persona pueda desarrollar estrategias eficaces de gestión del miedo y genera cada vez una mayor sensación de miedo, desconfianza y sensación de no ser capaz.
Otro mecanismo que se pone en marcha en estos casos son las conductas de seguridad. En numerosas ocasiones, este miedo conlleva una serie de conductas de defensa que varían de persona a persona, pero que suelen ir en la línea de tomar medicación o alcohol antes de subir al avión, hablar mucho, viajar acompañado/a, preguntar a las azafatas, etc. De la misma forma que la evitación, estas conductas de seguridad alivian a corto plazo, pero mantienen la expectativa de peligro y generan la sensación de que si se ha podido afrontar es por dichas conductas y no por su capacidad personal.
Esto va muy ligado al intento de control. Es frecuente encontrar que las personas que lo sufren intenten tener todo lo posible bajo control realizando conductas de comprobación como: comprobar las condiciones meteorológicas, el tipo de avión, la cara de las azafatas, que los alerones se abren bien, que el motor hecha el humo adecuado, etc. A través de estas conductas de reaseguración se busca ganar seguridad, pero lo cierto es que van asociadas a una mayor hipervigilancia, niveles de ansiedad y pensamientos negativos o catastróficos.
¿Cómo se trabaja la fobia a volar en terapia?
Se ha estudiado que para el tratamiento psicológico de la fobia a volar existen varios puntos importantes. En primer lugar, una correcta y básica información sobre el funcionamiento del avión y datos de seguridad y probabilidad de accidentes es una base sobre la que trabajar; a partir de la cual se pueden reestructurar creencias erróneas o irracionales. De manera complementaria, el entrenamiento en estrategias de relajación ayuda a la persona a tener más recursos para gestionar el malestar que les genere la exposición. Finalmente, la exposición en vivo es el tratamiento de elección para las fobias específicas. Sin embargo, en este caso, el acceso a una exposición en vivo es poco abordable por cuestiones de practicidad, logística y desde luego, económicas. Así entonces, se han estudiado otras vías alternativas de exposición a este estímulo fóbico a través de la realidad virtual, que ha demostrado ser eficaz para el tratamiento de la aerofobia.
Superar el miedo a volar puede ser un camino difícil, pero desde luego es un camino posible con las estrategias adecuadas y el acompañamiento profesional. No solamente para abrir posibilidades laborales o de ocio, sino también para lograr una mayor sensación de capacidad y manejo sobre las propias dificultades, emociones y malestares.
Referencias bibliográficas
Eaton, W.W., Bienvenu, O.J., Miloyan, B., 2018. Specific phobias. Lancet Psychiatry 5 (8), 678–686. https://doi.org/10.1016/S2215-0366(18)30169-X.