LA PROCRASTINACIÓN: ¿QUÉ FACTORES LA CAUSAN Y CÓMO PUEDE EVITARSE?

Autora: Carla Carulla, psicóloga infantojuvenil en Elisabet Rodríguez – Psicologia i Psicopedagogia (Granollers).

La procrastinación es un fenómeno que se da de forma frecuente en el día a día de muchas personas. Todas hemos escuchado hablar de este concepto y seguramente lo usamos para referirnos a aspectos de la propia cotidianidad de manera habitual.

¿Qué es realmente la procrastinación?

Entendemos por procrastinación el acto de posponer tareas, acciones, hábitos, toma de decisiones o situaciones que debemos atender y sustituirlas por otras más agradables o irrelevantes. La procrastinación, en mayor o menor medida, es algo a lo que recurren las personas en algún momento determinado. No obstante, cuando esto se da de forma recurrente, se convierte en un estilo de afrontamiento disfuncional que tiene varias consecuencias a nivel laboral, personal, social y emocional, afectando al propio estado de ánimo y a la propia autoestima. Se considera que aproximadamente el 15% de las personas adultas pueden presentar este funcionamiento de procrastinación de manera crónica.

Cuando se habla de procrastinación, en muchas ocasiones se mezcla dicho concepto con los atributos personales de vagancia o irresponsabilidad. Lo cierto es que esa relación es un tanto reduccionista, ya que detrás de esta conducta normalmente se observan varias problemáticas que van mucho más allá. En el artículo de hoy planteamos algunas de ellas.

Relación entre perfeccionismo, autoexigencia y procrastinación

Al contrario de lo que puede parecer, un motivo habitual de procrastinación reside en el perfeccionismo. El perfeccionismo es un rasgo de la personalidad consistente en el establecimiento de estándares de rendimiento y de exigencia excesivamente altos y/o poco realistas. Lo que subyace el perfeccionismo en muchas ocasiones es la creencia de que sin ese sobreesfuerzo o perfección no se será suficiente, no se llegará a las metas pre-establecidas, no se desarrollarán los objetivos propuestos o los demás se decepcionarán con la propia actuación. No obstante, esta creencia de deber hacerlo todo perfecto y este esfuerzo extra por evitar errores, conlleva en muchas ocasiones a revisar infinitamente las tareas, a no dar nada por acabado, a paralizarse ante el sobreanálisis de múltiples alternativas… En conclusión, a procrastinar.

El miedo al fracaso promueve la procrastinación

Otra de las razones que conducen habitualmente a la procrastinación y que puede ir ligado con el perfeccionismo, es el miedo al fracaso. El hecho de pensar que las cosas saldrán mal, que no se van a cumplir las expectativas prefijadas que pueden generar los demás sobre la propia actuación, que no se llegará a los estándares o el consiguiente miedo a la evaluación negativa o el juicio que harán los demás, etc., es una de las fuentes más habituales de procrastinación. En este caso, el hecho de posponer las tareas se sustenta en la idea de “prefiero no intentarlo a fallar”. En el otro polo de este espectro, una causa de la procrastinación también puede ser el miedo al éxito y a las expectativas o responsabilidades que puede traer el mismo.

La relación entre la baja autoestima y la procrastinación

Cuando hablamos de procrastinación no podemos dejar de lado una de las razones más habituales: la baja autoestima o confianza en una misma. Varios estudios han identificado que la baja autoestima o la baja sensación de autoeficacia son variables asociadas a la procrastinación. El considerarse inferior, insuficiente o incapaz puede conducir frecuentemente a postergar, derivar las propias responsabilidades y a estancarse.

La adicción a la gratificación inmediata también contribuye a la procrastinación

Finalmente, cabe destacar el papel que juega la gratificación inmediata en este ámbito. El ser humano busca de manera natural el escapar de sensaciones desagradables, por lo que, si la tarea a realizar resulta aburrida, estresante, o nos sentimos incapaces de llevarla a cabo, es esperable que se promueva la búsqueda de aquello que genere un placer más inmediato. En este aspecto es importante trabajar una mirada más a medio largo plazo que permita tener en cuenta los propios valores y los logros a los que se desea llegar.

 Aspectos como la baja tolerancia a la frustración o la falta de organización también se han encontrado asociados a la procrastinación.

¿Qué aspectos pueden ayudar a eliminar la procrastinación?

El simple hecho de identificar cuáles son las causas de la postergación con las que más nos identificamos ya es un primer paso para ver de qué manera se puede abordar esta problemática. La procrastinación, cuando se da de manera recurrente, genera mucho malestar y puede interferir de forma significativa en el día a día a diferentes niveles: puede afectar al bienestar emocional o a la salud mental, a los proyectos del ámbito laboral o personal, a la vida social… Es importante que si esto está generando un malestar se pueda abordar en terapia de forma personalizada y atendiendo a las causas y factores que estén manteniendo la procrastinación en cada persona. Sin embargo, a continuación proponemos algunas orientaciones generales que pueden ayudar a atajar la procrastinación:

–   Identifica las características de las situaciones que llevan a procrastinar: ¿son siempre las mismas situaciones? ¿Ocurre en los mismos horarios? ¿De qué emociones van acompañadas?

–   Atiende a los pensamientos negativos y el dialogo interno que puede aparecer al entrar en contacto con la tarea.

–   Dedica un tiempo a la organización de las tareas que hay que asumir, ordénalas por urgencia e importancia y separa cada tarea en objetivos más concretos.

–   Rompe la inactividad dando un primer paso con una pequeña parte de una tarea; empieza por unos pocos minutos de dedicación para rebajar el nivel de presión.

–   Reconócete los pasos dados, por pequeños que sean.

–   Recuerda que no la ejecución de la tarea no debe llegar a la perfección.

Como hemos visto, la procrastinación es una problemática que afecta a las esferas cognitivo, emocional y conductuales de la persona, y es preciso abordar su intervención desde dichas esferas mencionadas, atendiendo también al estilo de personalidad de la persona y sus particularidades.

Referencias bibliográficas

Hidalgo Fuentes, S., Martínez Álvarez, I., & Sospedra Baeza, M. J. (2022). Autoestima y procrastinación en el ámbito académico: un meta-análisis. Revista Fuentes, 24 (1), 77-89.

Díaz-Morales, J. (2019). Procrastinación: una revisión de su medida y sus correlatos. Revista Iberoamericana de Diagnóstico y Evaluación-e Avaliação Psicológica, 2(51), 43-60.

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