Autora: Carla Carulla, psicóloga infantojuvenil en Elisabet Rodríguez – Psicologia i Psicopedagogia (Granollers).
En el artículo de hoy abordamos un tema que resulta bastante más común de lo que podría parecer y del que se habla con una asiduidad elevada, aunque no siempre de la forma más rigurosa: la hipocondría.
¿Qué es la hipocondría?
La comúnmente llamada hipocondría es un trastorno de ansiedad que se denomina trastorno de ansiedad por la salud y que consiste en la preocupación obsesiva por la salud y el miedo y/o la convicción de tener una enfermedad grave. Esta creencia lleva a las personas que padecen dicho trastorno a observar su cuerpo minuciosamente de manera constante, interpretando de manera errónea sensaciones corporales inofensivas e interpretándolas como signos inequívocos de enfermedad; buscando así confirmar la creencia de estar padeciendo una enfermedad grave.
Esta autoobservación e hipervigilancia a las sensaciones físicas conlleva una preocupación obsesiva por sensaciones corporales totalmente inofensivas, llegando a confundir una ligera aceleración en los latidos corporales a causa de un pequeño esfuerzo físico (como, por ejemplo, el subir unas escaleras), con un signo de afección cardíaca grave.
¿Es habitual la hipocondría?
Se estima que entre un 1 y un 5% de la población general pueden padecer trastorno de ansiedad por la salud, por lo que es una problemática relativamente común. La sintomatología suele empezar durante los primeros años de vida adulta, aunque puede darse a cualquier edad. Y a pesar de pertenecer a los trastornos de ansiedad más comunes en mujeres, este tiene una prevalencia similar en hombres y mujeres.
¿Por qué se da este trastorno y qué lo mantiene?
Es habitual observar creencias distorsionadas sobre la salud y enfermedad en las personas con dicho trastorno. Algunas de ellas han tenido experiencias previas de enfermedad propia o de familiares cercanos o han vivido errores a nivel médico. Algunas de estas experiencias pueden derivar en creencias disfuncionales sobre la salud y la enfermedad como por ejemplo el creer que se es más propenso a una enfermedad por el historial familiar, la creencia de que es necesario realizarse exámenes médicos frecuentes para la prevención de enfermedades, o la idea de que notar alguna sensación o molestia física ya implica que la salud se ve comprometida.
Además, estas creencias interaccionan con algunos sesgos cognitivos siguientes:
– Fusión pensamiento-acción tipo probabilidad: es la creencia de que tener un pensamiento intruso indeseado o inaceptable acerca de una acción o evento específico aumenta la probabilidad de que esa acción o ese evento se produzca. Por ejemplo: “Si pienso y me preocupo mucho sobre una enfermedad, es más probable que suceda”.
– Sesgo de confirmación: consiste en la búsqueda y mayor atención a la información que respalda las propias creencias, a la vez que se descarta o se presta poca atención a la información que contradice las propias creencias. Así entonces, se focaliza en toda la información leída o comentada que puede ir acorde con la creencia preestablecida de “tengo una enfermedad” y se descartan todas las evidencias como analíticas saludables o información médica que muestra que no hay signo de enfermedad.
– Además, se suelen minimizar los recursos personales (internos) y los contextuales (externos) que se podrían poner en marcha en caso de que el individuo desarrollase alguna enfermedad real.
Dichas creencias disfuncionales se activan ante diversos sucesos: una sensación física nueva, información escuchada por medios de comunicación, la noticia de enfermedad o muerte de alguien conocido… Y se mantiene la preocupación a través de la hipervigilancia a las sensaciones corporales. Aquí interviene también un sesgo atencional, ya que se presta más atención a la información del cuerpo negativa relacionada con la enfermedad. Esto conduce a interpretaciones erróneas de dichas sensaciones como por ejemplo “tengo un tumor”, “padezco X enfermedad”; que generan un elevado malestar y ansiedad. Este malestar es tan grande, que se busca un alivio temporal mediante comprobaciones como pueden ser la autoinspección del cuerpo (tomarse el pulso a menudo, palparse o tocarse determinadas partes del cuerpo, hacerse fotos o verse en el espejo para observar cambios, etc.) o bien la frecuente realización de consultas o pruebas médicas.
También es frecuente que se pongan en marcha estrategias de evitación de situaciones interpretadas como “peligrosas” por la enfermedad (comer algunos alimentos, realizar ciertas actividades físicas, etc.) o conductas de seguridad como tomar ciertos medicamentos o vitaminas, prestar atención a la respiración o al corazón, etc. Todos estos cambios mencionados a nivel conductual pueden generar alivio momentáneo, pero mantienen las expectativas de peligro y la hipervigilancia corporal; lo que deriva en estados de ansiedad prolongados en el tiempo.

Ideas erróneas sobre la salud que pueden llevar a padecer este trastorno
Hay una creencia errónea en las personas con trastorno de ansiedad por la salud que se basa en que la salud es el silencio del cuerpo. La realidad es que esto no es así, ya que diversos estudios han estudiado que lo más frecuente es que una persona sana pueda sentir alguna molestia o malestar físico de manera habitual, representando las enfermedades solamente el 5% del total de los dolores o molestias que se padecen. De este 5%, solamente el 10% de las molestias se deben a enfermedades tan graves como para poner en peligro la vida de la persona.
¿Cómo se aborda el tratamiento de personas que sufren este trastorno?
Se ha estudiado que la psicoterapia, concretamente la terapia cognitivo conductual, es tan efectiva como la farmacoterapia para el tratamiento de la hipocondría o trastorno de ansiedad por la salud, siendo la aplicación conjunta de psicoterapia y farmacología mucho más efectiva para su tratamiento. Es importante que los profesionales médicos puedan diagnosticar correctamente a las personas con dicha patología y preservar el vínculo profesional para poder hacer una correcta derivación. Es frecuente que la relación médico – paciente en estos casos se vea perjudicada y las personas se muestren reticentes a aceptar ayuda a nivel psicológico. Sin embargo, es de gran importancia atender el malestar de dichas personas y poder ponerlas en contacto con profesionales de la salud mental que trabajen conjuntamente para un correcto tratamiento.
Referencias bibliográficas
Bados, A. (2017). Trastorno de ansiedad por la salud
Ceberio, M. R., & De la Cruz, R. (2023). Eficacia de la psicoterapia en comparación con la terapia farmacológica en el tratamiento de la hipocondría o ansiedad por la enfermedad. Revista Científica Retos de la Ciencia, 7(15), 100-111.