Autora: Carla Carulla, psicóloga infantojuvenil en Elisabet Rodríguez – Psicologia i Psicopedagogia (Granollers).
La empatía y la inteligencia emocional son conceptos que en las últimas décadas han adquirido un protagonismo esencial en el ámbito de la salud mental, convirtiéndose en fenómenos esenciales en el fomentar del bienestar psicológico. Tanto profesionales del sector de la salud como las personas que forman parte d nuestro entorno cotidiano, nos encontramos usualmente con la mención a estos términos. Sin embargo, cabe bien conocer a qué se refieren y qué implicaciones tienen, a fin de evitar utilizarlos de forma confusa y errónea.
El concepto de empatía
Cuando hablamos de empatía nos referimos a la capacidad para comprender los estados emocionales y el marco de referencia de otra persona. Esto no implica necesariamente compartir las mismas opiniones, justificar la reacción o emoción del otro ni tan siquiera estar de acuerdo con la forma de interpretar la situación de la otra persona. Ser empático es ser capaz, simplemente, de captar y comprender lo que siente la otra persona y su marco de referencia sin juzgar.
A pesar de no haber un acuerdo total, se describen en general tres aspectos fundamentales de la empatía: el componente cognitivo (comprender la emoción del otro), el componente emocional (sentir emoción a raíz de la emoción del otro) y el componente motivacional (sentir compasión y querer ayudar a la otra persona).
¿Por qué es importante la empatía?
Gracias a la empatía somos capaces de relacionarnos y comunicarnos mejor. Es frecuente que las personas se sientan más cómodas al lado de individuos empáticos, ya que generan la sensación de seguridad al poderse expresar sin miedo a ser juzgado. Además, a parte de los beneficios más evidentes en el establecimiento del vínculo, la empatía también comporta grandes beneficios a nivel personal: permite desarrollar habilidades sociales y habilidades de resolución de problemas, favorece una buena autoestima, ayuda a trabajar el respeto y el no juicio y fomenta la inteligencia emocional.

El concepto de inteligencia emocional
La inteligencia emocional se ha relacionado en múltiples estudios con el bienestar psicológico o emocional y hace referencia al conjunto de competencias y recursos que permiten a las personas gestionar lo que ocurre a nivel personal y social con una postura flexible, realista y adaptativa. Se relaciona con la capacidad de adaptarse al cambio, la identificación, gestión y expresión emocional, la comprensión de los estados emocionales del otro y el manejo del estrés. La empatía es un punto clave de la inteligencia emocional, que nos permite comprender los estados emocionales de los demás y ver el mundo desde la perspectiva de la otra persona. Pero ¿qué pasa cuando no solamente comprendemos la realidad de la otra persona, sino que además nos fusionamos con esta realidad y sentimos lo mismo que siente la otra persona?
Empatizar vs. simpatizar
En estos casos, cuando vivimos como propias emociones externas, hablamos de que simpatizamos. Este contagio emocional puede ser una experiencia positiva, porque nos conecta emocionalmente con la otra persona, pero en ocasiones tiene algunas desventajas: nos podemos ver abrumados por un cúmulo de emociones que no nos pertenecen, y, en ocasiones, estas emociones nos pueden paralizar y dificultar el acompañar a la otra persona. Si empatizamos, comprenderemos que a una amiga a quien se le acaba de morir su mascota esté muy triste y desconsolada, aunque a nosotros no nos agraden los perros. Esto nos permitirá entender su dolor sin juzgarla y darle nuestro apoyo. En cambio, si simpatizamos con ella, lo que puede pasar es que nos contagiemos de su tristeza y la vivamos intensamente. Esto puede ser una experiencia que nos una más a la otra persona y que nos permita expresarle nuestro apoyo y nuestra comprensión, pero seguramente también nos hará sufrir y dificultará el acompañamiento que podamos dar.
Simpatizar no tiene por qué ser vivido de manera negativa necesariamente. Pero ¿qué podemos hacer cuando el hecho de contagiarnos tanto de las emociones del otro nos hace sufrir? Un punto de partida esencial reside en trabajar el autoconocimiento, ya que nos permitirá diferenciar las propias emociones de las de la otra persona. Cuando sentimos una emoción con profundidad, podemos:
1. Intentar reconocer lo que nos pasa y el disparador o detonante de dicha emoción.
2. Intentar diferenciar si la emoción es propia o de la otra persona.
3. Gestionar la emoción correspondiente de manera tranquila y relajada.
Este ejercicio permite reducir el riesgo de querer complacer las necesidades de los demás, olvidando las propias. Es muy importante ser empáticos de cara a los demás, pero también de cara a uno mismo, entendiendo qué emociones estamos sintiendo, porqué, cuales son propias y cuales no y qué necesitamos para atenderlas.
La empatía ¿se nace con ella o es sensible al aprendizaje?
La empatía es una habilidad, por lo tanto, como cualquier otra habilidad se puede aprender y mejorar. No debemos olvidar que mostrar empatía no siempre es fácil, ya que significa dejar de lado nuestra perspectiva del mundo para conseguir entender la de otras personas. Y para hacerlo, necesitamos parar atención y dedicar un esfuerzo consciente. La escucha activa y el no juicio son dos elementos claves para el desarrollo de la propia empatía. Así como también el trabajo interno de trascender los propios prejuicios para comprender las acciones o decisiones del otro desde su marco de referencia, tomando distancia del marco de referencia propio.
Referencias bibliográficas
Depow, G. J., Francis, Z., & Inzlicht, M. (2021). The experience of empathy in everyday life. Psychological Science, 32(8), 1198-1213.Valiente Barroso, C., Marcos Sánchez, R., Arguedas Morales, M., & Martínez. Vicente, M. (2020). Fortaleza psicológica adolescente: relación con la inteligencia emocional y los valores. Aula abierta, 49(4), 385-394.