LA FIBROMIALGIA Y SU RELACIÓN CON LOS FACTORES EMOCIONALES, ¿CUÁL ES?

Autora: Mireia Toral, psicóloga general sanitaria en Elisabet Rodríguez – Psicologia i Psicopedagogia (Granollers).

La fibromialgia, ¿qué es?

La fibromialgia es un trastorno crónico que se caracteriza por dolor muscular generalizado, fatiga, y una serie de otros síntomas que afectan tanto la salud física como emocional. Aunque su causa exacta sigue siendo objeto de debate en la comunidad médica, cada vez más estudios apuntan a que los factores emocionales juegan un papel crucial en su aparición, desarrollo y gestión. En este artículo hablaremos sobre la relación cómo la salud mental puede influir en los síntomas de esta enfermedad.

La fibromialgia es una enfermedad crónica que afecta al 2-4% de la población mundial, siendo más común en mujeres que en hombres. Se caracteriza principalmente por:

  • Dolor generalizado en todo el cuerpo, especialmente en músculos y tejidos blandos.
  • Sensibilidad en puntos específicos, denominados puntos gatillo.
  • Fatiga extrema que no mejora con el descanso.
  • Alteraciones del sueño, que no es un sueño reparador.
  • Problemas cognitivos, como dificultad para concentrarse.
  • Otros síntomas como rigidez matutina, dolores de cabeza, intestino irritable y trastornos del estado de ánimo.

A pesar de las claras manifestaciones físicas de la fibromialgia, las investigaciones señalan que el dolor no tiene una causa orgánica directa en los músculos o tejidos afectados. En cambio, se considera un problema en el procesamiento del dolor por parte del sistema nervioso central, lo que amplifica las señales de dolor percibidas. Aquí es donde entran en juego los factores emocionales y psicológicos.

¿Cómo se relaciona la fibromialgia con las emociones?

Existen múltiples estudios que demuestran una clara interacción entre la fibromialgia y los factores emocionales. Los pacientes con fibromialgia suelen presentar, de manera frecuente, trastornos emocionales como la depresión, la ansiedad y el estrés crónico, los cuales pueden agravar los síntomas de dolor y fatiga. Veámos la relación entre ellos:

En cuanto al estrés crónico, es uno de los principales factores emocionales que se asocia con el desarrollo y empeoramiento de la fibromialgia. El estrés constante puede llevar a una disregulación del sistema nervioso autónomo, afectando la manera en que el cuerpo responde a estímulos normales y amplificando las señales de dolor. Además, el estrés desencadena una sobreactivación del sistema nervioso simpático, responsable de la respuesta de «lucha o huida», lo que puede provocar una mayor sensibilidad al dolor y una disminución en la capacidad del cuerpo para relajarse y recuperarse. 

En un estudio realizado por Martínez-Lavín (2015), se encontró que la respuesta anormal al estrés y la activación crónica del sistema simpático pueden ser factores claves en el desarrollo de la fibromialgia. Este estrés sostenido no sólo exacerba el dolor, sino que también perpetúa el ciclo de fatiga, insomnio y agotamiento emocional, agravando la enfermedad.

La ansiedad es otra condición emocional comúnmente relacionada con la fibromialgia. Muchas personas que padecen fibromialgia informan sentirse constantemente ansiosas, lo que a menudo contribuye a una mayor tensión muscular y al aumento del dolor percibido. La ansiedad también puede aumentar la hipervigilancia al dolor, haciendo que los pacientes se concentren más en sus síntomas y, como resultado, intensifiquen su percepción del dolor. La ansiedad no solo aumenta la sensación de dolor, sino que también reduce la calidad de vida de los pacientes, interfiriendo con su capacidad para trabajar, socializar y realizar actividades diarias.

Por otra parte, la depresión es quizás el trastorno emocional más estrechamente asociado con la fibromialgia. Alrededor del 30% al 50% de las personas con fibromialgia también presentan síntomas de depresión clínica, y en algunos casos, el trastorno depresivo puede preceder a la aparición de la fibromialgia. La relación entre ambas condiciones parece ser bidireccional, ya que la depresión aumenta la percepción del dolor, mientras que el dolor crónico puede desencadenar sentimientos de desesperanza y tristeza.

Un estudio realizado por Garcia-Campayo et al. (2017) indicó que la gravedad de los síntomas depresivos estaba directamente relacionada con el aumento en la percepción del dolor en pacientes con fibromialgia. Esta investigación también sugirió que tratar la depresión de manera efectiva podría reducir significativamente la severidad del dolor en estos pacientes, subrayando la importancia de abordar la salud mental en el tratamiento de la fibromialgia.

Además de la interacción entre los factores emocionales preexistentes y la fibromialgia, es importante destacar el impacto emocional que tiene el diagnóstico de la enfermedad en los pacientes. La fibromialgia es una condición crónica para la que no existe una cura definitiva, y los pacientes deben aprender a gestionar sus síntomas a lo largo de toda su vida. El dolor persistente y la fatiga extrema pueden llevar a sentimientos de frustración, impotencia y aislamiento.

La falta de reconocimiento y comprensión social también juega un papel importante en el deterioro emocional de los pacientes. Como la fibromialgia no presenta señales físicas visibles ni pruebas diagnósticas claras, muchas personas con fibromialgia reportan sentirse incomprendidas o no creídas por su entorno social, lo que agrava los sentimientos de soledad y puede conducir a una disminución de su bienestar psicológico.

A modo de conclusión

Debido a todo lo mencionado, el abordaje debe ser multidisciplinar y debe considerar tanto los aspectos físicos como los emocionales de la enfermedad. Dado que los factores emocionales juegan un papel fundamental en la experiencia del dolor, abordar la salud mental es crucial para mejorar la calidad de vida de los pacientes. Mediante terapia cognitivo-conductual, mindfulness y técnicas de relajación y la realización de ejercicio físico adaptado se trabajan los aspectos físicos y psicológicos necesarios: cambiando patrones de pensamientos irracionales y negativos, focalizándose en el presente, mejorando la capacidad para manejar el dolor y realizando deporte para reducir el dolor y mejorar la flexibilidad y movilidad. Al aprender a gestionar los factores emocionales y a encontrar un equilibrio entre cuerpo y mente, los pacientes pueden desarrollar mejores estrategias para vivir con esta enfermedad y mejorar su calidad de vida.

Referencias bibliográficas

García-Campayo, J., et al. (2017). «The Role of Psychological Factors in Central Sensitization Syndromes, Including Fibromyalgia.» Pain Research and Management.

Martínez-Lavín, M. (2015). «Fibromyalgia: When Distress Becomes (Un)sympathetic Pain.» Pain Research and Treatment.

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