Autora: Mireia Toral, psicóloga general sanitaria en Elisabet Rodríguez – Psicologia i Psicopedagogia (Granollers).
¿Cómo se manifiesta el TEPT en niños víctimas de guerra?
El estrés postraumático (TEPT) en niños víctimas de conflictos bélicos es una de las secuelas más severas que puede dejar una guerra. Este trastorno se manifiesta tras experimentar o presenciar eventos traumáticos que exceden la capacidad del individuo para procesarlos emocionalmente. En el caso de los niños, el impacto es aún más profundo, ya que su cerebro y sus emociones están en pleno desarrollo, lo que los hace más vulnerables a los efectos devastadores del trauma.
Los niños expuestos a la guerra enfrentan múltiples factores que incrementan su vulnerabilidad al TEPT. Estos incluyen la pérdida de seres queridos, el desplazamiento forzado, lesiones físicas, violencia directa y la falta de acceso a necesidades básicas como comida, refugio y atención médica. La exposición prolongada al peligro genera un estado constante de hiperalerta que puede convertirse en una condición crónica.
La falta de apoyo emocional agrava el problema. A menudo, los padres o cuidadores también están afectados por el trauma, lo que limita su capacidad para proporcionar un entorno seguro y emocionalmente estable. Además, en situaciones de guerra, las escuelas y otras estructuras comunitarias que podrían brindar apoyo a los niños suelen colapsar, dejándolos sin herramientas para afrontar su situación.
Síntomas principales del TEPT en niños
El TEPT en los niños se presenta de forma diferente que en los adultos. Los síntomas principales incluyen:
- Revivir el trauma: Los niños pueden experimentar pesadillas recurrentes, flashbacks o juegos repetitivos que recrean elementos del evento traumático.
- Evitación: Se aíslan socialmente, evitan lugares o personas que les recuerdan el trauma, y muestran desinterés en actividades que solían disfrutar.
- Cambios emocionales: Esto incluye irritabilidad, agresividad, tristeza profunda, dificultad para concentrarse y problemas de sueño.
- Regresión conductual: Algunos niños pueden volver a comportamientos típicos de una etapa anterior de desarrollo, como mojar la cama o buscar un apego excesivo a los cuidadores.
A largo plazo, el TEPT puede interferir con el desarrollo emocional, social y cognitivo de los niños, afectando su capacidad para formar relaciones sanas y alcanzar su potencial en la vida adulta.

Efectos en el cerebro y en la salud mental
El impacto del trauma en los niños no es solo emocional, sino también biológico. La exposición prolongada al estrés activa de forma continua el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal, el sistema responsable de la respuesta al estrés, lo que provoca una sobreproducción de cortisol. Este desequilibrio puede afectar negativamente el desarrollo cerebral, especialmente en áreas como el hipocampo (vital para la memoria) y la amígdala (relacionada con las emociones y el miedo).
Además, el trauma altera la manera en que los niños interpretan el mundo, llevando a una percepción constante de peligro y una falta de confianza en los demás. Esto puede predisponerlos a desarrollar otros trastornos mentales en la adolescencia y adultez, como ansiedad, depresión, conductas autodestructivas e incluso pensamientos suicidas.
El papel de los cuidadores y la comunidad
El entorno familiar y comunitario es esencial para la recuperación de los niños. Los cuidadores deben ser empáticos y pacientes, creando un espacio donde los niños se sientan seguros para expresar sus emociones. Las comunidades también tienen un rol fundamental al ofrecer programas de apoyo psicosocial, garantizar el acceso a la educación y establecer redes de protección para los niños.
En situaciones de conflicto prolongado, las intervenciones deben ser sostenidas en el tiempo, ya que el trauma no desaparece de inmediato una vez que la violencia cesa. La reconstrucción y la promoción de la resiliencia a nivel comunitario es clave para mitigar los efectos del TEPT.
A modo de conclusión
En conclusión, el estrés postraumático en los niños víctimas de guerras es un problema complejo y devastador que afecta tanto su bienestar inmediato como su desarrollo a largo plazo. Los conflictos bélicos les privan de su infancia y dejan cicatrices profundas en su salud mental y emocional. Para ayudar a estos niños, es esencial una combinación de intervenciones psicológicas, apoyo familiar y reconstrucción comunitaria. La prioridad debe ser crear entornos seguros que les permitan sanar, desarrollarse y recuperar la esperanza en un futuro mejor. Si bien el camino hacia la recuperación es largo, con el apoyo adecuado, estos niños pueden superar las adversidades y construir vidas resilientes.
Referencias bibliográficas
- Thabet, A. A. M., & Vostanis, P. (2000). Post-Traumatic Stress Disorder Reactions in Children of War. Journal of Child Psychology and Psychiatry.