EL HIPOCAMPO Y SU PAPEL EN LA CAPACIDAD DE MEMORIA Y DE APRENDIZAJE

Autora: Jéssica Rodríguez, psicopedagoga en Elisabet Rodríguez – Psicologia i Psicopedagogia (Granollers)

El cerebro humano es una de las estructuras más complejas y fascinantes del cuerpo, ya que aunque representa solo el 2% del peso corporal dirige prácticamente todas nuestras funciones, desde respirar hasta resolver problemas matemáticos o gestionar emociones. Por ello, entender cómo está organizado nos permite comprender mejor cómo aprendemos, sentimos, recordamos y actuamos.

Las estructuras principales del cerebro

El cerebro está compuesto por diferentes estructuras especializadas, cada una de ellas con sus funciones específicas pero interrelacionadas:

  • La corteza cerebral, encargada del pensamiento consciente, el lenguaje, la atención y la toma de decisiones.
  • El hipocampo, esencial para la memoria y el aprendizaje.
  • La amígdala, se encarga de regular las emociones y las respuestas al miedo.
  • El cerebelo, se relaciona con la coordinación motora y el procesamiento cognitivo.
  • El tronco encefálico, controla funciones básicas como la respiración o la frecuencia cardíaca.

Cada una de estas estructuras juega un papel importante en el desarrollo y funcionamiento de la persona, por ello, conocerlas es clave para diseñar intervenciones psicopedagógicas que respeten el ritmo, las necesidades y el potencial de cada persona.

El hipocampo y sus funciones principales

En este artículo nos centraremos en el hipocampo, el cuál presenta un papel fundamental en la memoria y el aprendizaje. Su estructura, con forma de caballito de mar, se encuentra en el lóbulo temporal y es esencial para muchas funciones cognitivas, siendo una de las principales estructuras del sistema límbico (conjunto de áreas cerebrales que regulan las emociones, la motivación y la memoria). Su función principal es la consolidación de la memoria, es decir, transformar la información que recibimos a corto plazo en recuerdos a largo plazo. Asimismo, también interviene en el aprendizaje de nuevos contenidos, en la orientación espacial (saber dónde estamos y cómo movernos en el espacio) y en la flexibilidad cognitiva, es decir, la capacidad para adaptarnos a nuevas situaciones.

En el ámbito educativo, el hipocampo tiene también una función relevante ya que permite al alumnado retener conocimientos, relacionarlos con experiencias previas y recuperarlos cuando es necesario. Por lo tanto, si no hay un hipocampo sano y funcional, el aprendizaje significativo se ve profundamente afectado. Por ejemplo, cuando una persona lee un texto o intenta resolver un problema matemático, el hipocampo ayuda a conectar la nueva información con lo ya aprendido, facilitando así la comprensión. Asimismo, cabe destacar que el hipocampo también participa en la memoria episódica, aquella que nos permite recordar situaciones concretas vividas, por lo que nos es útil para relacionar lo que hemos aprendido con las experiencias personales.

Factores que limitan la función del hipocampo

No obstante, el hipocampo es una de las áreas más sensibles del cerebro y, por ello, existe una serie de factores que pueden afectar su funcionamiento:

  • Estrés crónico: cuando la persona se expone de manera prolongada a altos niveles de cortisol puede reducir el volumen de su hipocampo y afectar la memoria.
  • Falta de sueño: dormir mal impide la consolidación de recuerdos y afecta el funcionamiento hipocampal.
  • Estilos de vida sedentarios: la actividad física moderada mejora la neurogénesis en el hipocampo (es decir, la formación de nuevas neuronas), por lo tanto, una persona sedentaria tendrá dificultades para formar nuevas neuronas.

Factores que protegen la función del hipocampo

No obstante, se ha demostrado que existe una serie de hábitos saludables que favorecen su funcionamiento, como: el ejercicio físico regular (caminar, correr o bailar estimula el crecimiento de nuevas neuronas en esta zona; los ambientes ricos en estímulos (juegos, lectura, música o experiencias novedosas refuerzan la plasticidad cerebral) y los ejercicios de relajación y mindfulness (ayudan a reducir el estrés y proteger el hipocampo de los efectos del cortisol).

Funciones adicionales del hipocampo

Como profesionales, debemos tener en cuenta la importancia que presenta el hipocampo en el aprendizaje del alumnado para diseñar así propuestas didácticas variadas que activen diferentes tipos de memoria (visual, auditiva, motriz, emocional), ofrecer experiencias significativas que conecten con la vida del alumno/a, promover entornos con bajo nivel de estrés que favorezcan la seguridad emocional y establecer rutinas de sueño, actividad y autocuidado, especialmente con alumnos/as que presentan dificultades de aprendizaje o de atención.

De esta manera, el hipocampo no sólo es una pieza clave del cerebro, sino que es una base imprescindible para que se dé el aprendizaje, por ello es importante conocer su función para poder entender mejor cómo aprendemos y cómo intervenir de forma más efectiva en el ámbito educativo. Si queremos que el conocimiento se mantenga, se conecte y evolucione, tenemos que cuidar, estimular y proteger esta pequeña pero poderosa estructura cerebral.

Además, investigaciones recientes han demostrado que esta estructura cerebral tiene funciones mucho más amplias. Varios estudios neurocientíficos han demostrado que el hipocampo no sólo recupera recuerdos, sino que también está involucrado en la construcción de escenarios imaginarios y la anticipación del futuro, es decir, cuando la persona imagina una situación futura o planea una acción el hipocampo ayuda a crear esas escenas mentales combinando fragmentos de experiencias pasadas. Esta capacidad de “viajar mentalmente en el tiempo” es fundamental para la creatividad, la resolución de problemas y la toma de decisiones, habilidades clave para el aprendizaje y la adaptación.

Aunque la amígdala es la estructura cerebral que más se asocia con las emociones, el hipocampo juega un rol crucial en la regulación emocional, ya que ayuda a contextualizar las experiencias emocionales, permitiendo diferenciar cuándo una respuesta emocional es adecuada o no. Por ejemplo, después de un evento estresante, el hipocampo contribuye a que la reacción emocional disminuya, favoreciendo la recuperación. Asimismo, el hipocampo también está implicado en la navegación social y nos ayuda a situarnos en las relaciones sociales, a comprender las dinámicas y a movernos dentro de nuestro entorno social con eficacia. Por ejemplo, recordar los roles en un grupo o anticipar cómo reaccionarán otras personas en distintas situaciones.

Por lo tanto, el hipocampo no sólo es importante para el aprendizaje sinó también para otras áreas como la imaginación, la regulación emocional y las relaciones sociales.

Referencias bibliográficas

Eichenbaum, H. (2017). Memoria: Organización y Control. Annual Review of Psychology, 68, 19-45.

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