ANSIEDAD Y DEPRESIÓN ¿POR QUÉ A MENUDO APARECEN CONJUNTAMENTE?

Autora: Helena Paños, psicóloga general sanitaria en Elisabet Rodríguez – Psicologia i Psicopedagogia (Granollers)

“Estoy ansioso… pero también agotado.” Muchas personas describen así una experiencia que puede resultar desconcertante: sentir preocupación constante, pensamientos acelerados o tensión física y, al mismo tiempo, falta de energía, apatía o sensación de vacío. Tradicionalmente, ansiedad y depresión se han explicado como problemas diferentes. La ansiedad se relaciona con activación y miedo; la depresión, con tristeza y desmotivación. Sin embargo, la realidad psicológica suele ser bastante más compleja.

Hoy sabemos que ansiedad y depresión no solo pueden aparecer juntas, sino que frecuentemente se alimentan entre sí. De hecho, es una de las combinaciones más habituales en salud mental.

Aunque comparten ciertos síntomas, ansiedad y depresión no son lo mismo. De forma general, la ansiedad suele estar relacionada con anticipación de amenaza, hipervigilancia y miedo; mientras que la depresión suele asociarse con pérdida de interés, desesperanza, apatía o dificultad para experimentar placer.

Una relación mucho más frecuente de lo que pensamos

Sin embargo, aunque no siempre se da, es frecuente que en la práctica clínica muchas personas experimentan síntomas de ambos problemas simultáneamente. Esto hace que, en ocasiones, la línea entre ambos cuadros no sea tan clara como solemos imaginar. Diversas investigaciones han mostrado que los trastornos de ansiedad y los trastornos depresivos presentan una elevada comorbilidad, es decir, tienden a coexistir.

Según datos epidemiológicos publicados por National Institute of Mental Health y revisiones clínicas posteriores, una parte significativa de las personas diagnosticadas con depresión también presenta síntomas de ansiedad, y viceversa. De hecho, algunos estudios estiman que más del 50% de las personas con depresión experimentan síntomas ansiosos relevantes a lo largo de su vida.

Esto no significa que una cause automáticamente la otra, pero sí que comparten mecanismos psicológicos, biológicos y ambientales importantes.

Claves para comprender su relación

La ansiedad sostenida puede agotar el sistema nervioso: la ansiedad implica una activación fisiológica constante, con aumento de tensión muscular, hipervigilancia, dificultades para descansar y sensación de amenaza continua. Cuando esta activación se mantiene durante mucho tiempo el organismo puede terminar entrando en un estado de agotamiento físico y emocional. En este sentido, la depresión puede aparecer en algunos casos como consecuencia de un desgaste prolongado del sistema de estrés.

Es importante entender que la evitación alimenta ambos problemas, es uno de los mecanismos más importantes que comparten ansiedad y depresión. Cuando algo genera ansiedad, tendemos a evitarlo para sentir alivio inmediato (posponer tareas, dejar de salir, evitar conversaciones, etc.). El problema es que, aunque la evitación reduce el malestar a corto plazo, a largo plazo suele aumentar la sensación de incapacidad, desconexión y pérdida de refuerzo positivo.

También hay que tener en cuenta que comparten procesos cognitivos similares, como por ejemplo patrones de pensamiento negativos. Si bien el contenido puede ser ligeramente distinto, ambos problemas de pensamiento pueden coexistir y retroalimentarse: en ansiedad predomina el “¿y si pasa algo malo?” y en depresión aparece más el “nada va a mejorar”.

¿Qué papel juega el cuerpo?

Ansiedad y depresión no son únicamente experiencias “mentales”. También tienen impacto físico real. La investigación ha encontrado asociaciones con:

  • alteraciones del sueño
  • fatiga persistente
  • cambios en el apetito
  • problemas gastrointestinales
  • aumento de inflamación
  • dificultades de concentración y memoria.

No es imaginario: el sistema nervioso y el cuerpo están profundamente conectados. Estos síntomas físicos suelen ser claves en el diagnóstico de la ansiedad y los episodios depresivos, y es importante entender que tanto son síntomas como causas: cuando el cuerpo muestra estos signos, la preocupación crece, la desesperanza se extiende. No hay que pasar por alto las sensaciones corporales que se presentan en estos casos.

Subestimar los síntomas

Muchas personas tardan en pedir ayuda porque interpretan algunos síntomas como enfermedad física. Si bien es importante descartar el orígen médico de alguno de éstos síntomas, también hay que ser honestos cuando no aparece explicación orgánica y tomar la perspectiva de un posible origen psicológico.

Otros descartan buscar ayuda porque los interpretan como falta de esfuerzo o debilidad personal. Pero si con la fuerza de voluntad no basta, es imprescindible dejar de interpretar el sufrimiento psicológico como un fracaso personal. Algunas filosofías de vida actuales ensalzan el esfuerzo, el nunca rendirse, el sacrificio constante, pero éstas se basan en las capacidades de una persona bien adaptada, con recursos adecuados y circunstancias favorables. Cuando algo de ésto falla, va a ser primordial entenderlo no como un defecto individual, sinó como una situación que requiere de ayuda extra.

¿Cuándo pedir ayuda profesional?

 Si bien la ansiedad o el estado de ánimo bajo son parte de la vida, a veces su intensidad, frecuencia o duración puede hacer que seguir con la vida diaria se haga muy difícil. Si la ansiedad, la apatía, el agotamiento o la sensación de bloqueo interfieren en tu vida diaria durante semanas o meses, puede ser importante buscar ayuda profesional. Especialmente si aparecen:

  • dificultades importantes para funcionar en el día a día
  • aislamiento progresivo
  • sensación persistente de desesperanza
  • ataques de ansiedad frecuentes
  • problemas graves de sueño
  • o pensamientos de hacerse daño.

La terapia psicológica puede ayudar no solo a reducir síntomas, sino también a entender qué mantiene ese círculo entre ansiedad y depresión.

Referencias bibliográficas

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Kuring, J. K., Mathias, J. L., Ward, L., & Tachas, G. (2023). Inflammatory markers in persons with clinically significant depression, anxiety or PTSD: A systematic review and meta-analysis. Journal of Psychiatric Research, 168, 279–292. https://doi.org/10.1016/j.jpsychires.2023.10.036

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