DEPRESIÓN EN EL INICIO DE LA DEMENCIA: ¿SÍNTOMA PRECOZ O REACCIÓN EMOCIONAL NATURAL?

Autora: Mireia Toral, psicóloga general sanitaria en Elisabet Rodríguez – Psicologia i Psicopedagogia (Granollers).

La demencia es una condición neurodegenerativa progresiva que afecta funciones cognitivas como la memoria, el lenguaje, la orientación y el juicio. Sin embargo, más allá de este deterioro, existen síntomas psicológicos y emocionales que suelen aparecer desde las primeras etapas. Entre ellos, la depresión ocupa un lugar central, tanto por su alta prevalencia como por su impacto en la calidad de vida del paciente. Esta situación ha planteado un debate clínico y teórico: ¿la depresión es un síntoma precoz de la demencia, o bien una reacción psicológica ante el deterioro cognitivo percibido?

Síntomas depresivos en la demencia

Numerosos estudios han evidenciado que los síntomas depresivos están presentes en un alto porcentaje de pacientes con demencia, especialmente en fases iniciales. Se estima que entre el 20% y el 50% de las personas con demencia presentan algún grado de depresión. En el caso de pacientes con deterioro cognitivo leve, considerado una condición de riesgo para el desarrollo de demencia, los síntomas depresivos también son frecuentes.

Este fenómeno puede observarse incluso antes de que el deterioro cognitivo sea clínicamente evidente, lo cual ha llevado a algunos autores a considerar la depresión como un posible marcador precoz de enfermedad neurodegenerativa, en especial del Alzheimer.

Desde una perspectiva neurobiológica, existe evidencia que sugiere que la depresión y la demencia podrían compartir mecanismos fisiopatológicos comunes. Entre ellos se destacan las alteraciones en los niveles de neurotransmisores como la serotonina, la dopamina y la noradrenalina, los cambios estructurales en regiones cerebrales como el hipocampo y la corteza prefrontal, ambos implicados tanto en el procesamiento emocional como en la memoria y los procesos inflamatorios crónicos que afectan la plasticidad neuronal y la neurogénesis.

En este sentido, algunos investigadores sostienen que la depresión podría ser una manifestación temprana del proceso neurodegenerativo, y no únicamente una consecuencia emocional. Esta visión enfatiza la importancia de valorar la depresión no solo como un síntoma afectivo, sino como un posible signo clínico de alerta.

Por otro lado, desde la psicología clínica, se ha propuesto una comprensión diferente, centrada en el impacto emocional del diagnóstico o de los primeros síntomas de deterioro cognitivo. Las personas con demencia leve suelen ser conscientes de sus olvidos, de la dificultad para realizar tareas que antes eran sencillas, y del aumento progresivo de su dependencia. Esta vivencia puede generar una serie de emociones negativas como miedo, tristeza, frustración, vergüenza e incluso desesperanza.

La pérdida de autonomía, la alteración de los vínculos sociales y el riesgo de estigmatización también actúan como factores de vulnerabilidad emocional. En este marco, la depresión se entiende como una respuesta psicológica natural ante una situación de pérdida de control y de amenaza a la identidad personal. Esta lectura no niega la implicación neurológica, pero destaca el peso del sufrimiento subjetivo en la aparición de síntomas depresivos.

¿Qué efectos provoca la depresión en las fases iniciales de la demencia?

Independientemente de su origen, la presencia de depresión en fases iniciales de demencia tiene consecuencias relevantes. En primer lugar, puede acelerar el deterioro cognitivo, ya que la sintomatología depresiva interfiere con la atención, la concentración y la motivación, generando un círculo vicioso. En segundo lugar, empeora la calidad de vida del paciente y de su entorno familiar, aumenta el riesgo de aislamiento y, en algunos casos, puede favorecer la aparición de ideación suicida. Por estas razones, es fundamental detectar y tratar la depresión desde las primeras fases. No debe asumirse que la tristeza o el desánimo son “normales” en la vejez o en el deterioro cognitivo. 

El tratamiento de la depresión en pacientes con demencia debe ser adaptado a su nivel de deterioro y a sus capacidades conservadas. En general, se recomienda una combinación de psicoterapia y tratamiento farmacológico, aunque en muchos casos las intervenciones psicosociales pueden ser muy eficaces por sí solas en fases iniciales. Además, es importante psicoeducar a los cuidadores para que puedan comprender y manejar adecuadamente los síntomas afectivos del paciente, evitando respuestas de invalidación o sobreprotección que puedan profundizar la sensación de pérdida de control.

A modo de conclusión

En conclusión, la depresión en las etapas iniciales de la demencia representa un desafío clínico y conceptual. Aunque existen fundamentos para considerar que puede ser un síntoma precoz del proceso neurodegenerativo, también es claro que los aspectos psicológicos y emocionales juegan un papel crucial en su aparición. La visión más integradora es aquella que contempla el área neurológica y el área psicológica como parte de un mismo fenómeno. Detectar y tratar precozmente la depresión en este contexto no solo mejora el bienestar emocional, sino que también puede tener un impacto positivo en el curso del deterioro cognitivo. 

Referencias bibliográficas

Brommelhoff, J. A., Gatz, M., Johansson, B., McArdle, J. J., Fratiglioni, L., & Pedersen, N. L. (2009). Depression as a risk factor or prodromal feature for dementia? Findings in a population-based sample of Swedish twins. Psychology and Aging, 24(2), 373–384.  

Lyketsos, C. G., Lopez, O., Jones, B., Fitzpatrick, A. L., Breitner, J., & DeKosky, S. (2002). Prevalence of neuropsychiatric symptoms in dementia and mild cognitive impairment: results from the Cardiovascular Health Study. JAMA, 288(12), 1475–1483.



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