Autora: Carla Carulla, psicóloga infantojuvenil en Elisabet Rodríguez – Psicologia i Psicopedagogia (Granollers).
En conmemoración al Día Internacional de la Mujer (8M) deseamos abordar una temática que, lamentablemente, sufre este colectivo en concreto en las diferentes etapas de su vida y que ocurre cada vez más en edades preocupantemente tempranas: la violencia sexual.
El concepto de violencia sexual
La violencia sexual es cualquier acto sexual cometido en contra de la voluntad de otra persona, tanto si esta persona no da su consentimiento, como si este consentimiento no puede ser dado porque la persona es menor de edad, tiene discapacidad intelectual o se encuentra bajo los efectos de una sustancia determinada que inhibe su capacidad de conciencia, como el alcohol o las drogas. Estos actos pueden darse en diferentes circunstancias y entornos, e incluyen prácticas como violación, actos sexuales forzados, insinuaciones sexuales no deseadas, abuso sexual infantil, matrimonio forzado, acoso callejero o acoso cibernético, etc. Los datos sobre esta forma de violencia contra la mujer también son estremecedores, concluyendo una investigación que 15 millones de mujeres entre 15 y 19 años han sido forzadas a tener sexo en algún momento de su vida.
Efectos psicológicos en las víctimas de violencia sexual
La exposición a dicho tipo de violencia puede tener un impacto importante en las víctimas que la sufren, generando frecuentemente una amplia gama de emociones que pueden pasar por el miedo, la vergüenza, la ira y la confusión. La experimentación de la violencia sexual puede llevar también a alteraciones del estado del ánimo, trastornos de estrés postraumático, trastornos de ansiedad y otros problemas de salud mental. Asimismo, puede afectar a la autoestima y la imagen corporal de la persona, así como a sus relaciones interpersonales y su visión y confianza en el mundo.
Es fundamental que las personas que han sufrido violencia sexual y experimenten sus posibles consecuencias, puedan tener acceso al apoyo psicológico y psicosocial adecuado. A nivel psicológico, la terapia cognitivo-conductual y el EMDR han demostrado ser efectivas en el tratamiento del trastorno por estrés postraumático.

¿Cómo prevenir la violencia sexual?
A nivel de prevención, es importantísimo abordar las actitudes y creencias que siguen perpetuando la violencia sexual en la sociedad actual. Esto pasa por garantizar una educación sexual que promueva una sexualidad saludable, poner sobre la mesa y educar sobre el consentimiento e ir cuestionando y descartando los mitos sobre la violación. Sobre estos últimos, se destacan 4 creencia erróneas generales:
- El hecho de culpar a la víctima por estar “buscándolo” o tener actitudes provocadoras.
- La incredulidad, cuestionamiento o desconfianza hacia la veracidad de las denuncias realizadas por violación o abusos sexuales
- La creencia errónea de que el nivel de deseo es mayor y es incontrolable en el sexo masculino.
- La creencia de que solo algunos tipos de mujeres (que visten de X forma o van a X sitios) son violadas.
La integración de estos mitos son los que tienen un impacto en la atribución de responsabilidad a la víctima y la disminución de culpabilidad del agresor, así como la mayor integración de estas creencias se ha visto asociada con menor asertividad sexual, pocas actitudes positivas en el consentimiento sexual y menor posibilidad de denuncia en caso de agresión sexual. Cabe tener muy presentes también los factores de riesgo que pueden contribuir a la violencia sexual, como la desigualdad de género, la cultura de la violación y la falta de acceso a recursos y de apoyo personal o psicológico.
Educar sobre la importancia del acuerdo mutuo y la comunicación clara, así como de la importancia del respeto y la seguridad en las relaciones interpersonales, es especialmente importante en el ámbito de la sexualidad. Es fundamental que desde la etapa infantil se eduque a los niños y niñas sobre sus derechos y responsabilidades en las relaciones, enseñándoles habilidades de empatía y respeto hacia los demás, habilidades de comunicación asertiva, el desafío de mitos y estereotipos relacionados con la sexualidad y el género y, finalmente, abordando los factores culturales como la cosificación sexual o la cultura de la violación.
El consentimiento en las relaciones sexo-afectivas
Abordar estos temas con adolescentes y situar el debate sobre el consentimiento como elemento principal es fundamental. Desde una perspectiva psicológica, se entiende que el consentimiento va más allá de decir un simple “sí” o un “no” en una interacción concreta, ya que trata de promover el respeto mutuo, la atención a las propias necesidades y a las de los demás, la autonomía personal y la comunicación clara en todas las interacciones interpersonales, etc. Es decir, el consentimiento respeta la autonomía y la dignidad de cada persona, reconociendo que todas tenemos el derecho de establecer los propios límites y tomar decisiones sobre el propio cuerpo y las propias relaciones. Fortaleciendo esto, se fortalece la autoestima de las personas, aumentando la probabilidad de construir relaciones más igualitarias y satisfactorias.
Últimamente estamos viendo la presencia del consentimiento en películas como “Creatura” o “How to have sex”. Visualizar estos contenidos representados en películas y favorecer un debate a posteriori es crucial para alcanzar un mayor entendimiento e integración dentro de la sociedad, de forma que se promueva un contexto libre de este tipo de violencia tan nociva.
Referencias bibliográficas
UNICEF (2017). A Familiar Face: Violence in the lives of children and adolescents.
Murray, C., y Calderón, C. (2021). Mitos de violación, creencias que justifican la violencia sexual: una revisión sistemática. Revista Criminalidad, 63(2), 115-130.