Autora: Jéssica Rodríguez, psicopedagoga en Elisabet Rodríguez – Psicologia i Psicopedagogia (Granollers).
En el presente artículo planteamos abordar algunas cuestiones que suelen suscitar dudas y confusión en el ámbito de la psicopedagogía: ¿qué es exactamente una evaluación psicopedagógica, cómo se lleva a cabo y qué diferencias existen con respecto de las evaluaciones psicológicas?
El concepto de evaluación psicopedagógica
La evaluación psicopedagógica es un proceso de evaluación y de recogida de información de diferentes ámbitos de la persona con la finalidad de detectar cuáles son sus necesidades educativas, analizar la información y tomar decisiones adecuadas para satisfacer estas dificultades observadas en la persona destinataria. Por lo tanto, es un punto clave para poder organizar y llevar a cabo la intervención, siendo además, un proceso imprescindible dentro del ámbito educativo para poder analizar aquellos factores que están interfiriendo en el aprendizaje de la persona y promover así acciones que mejoren el rendimiento académico del alumnado. Cabe destacar que en este proceso no sólo se reúne información sobre el ámbito académico del menor, sino también sobre otros ámbitos que pueden estar afectando de manera directa o indirecta en su aprendizaje: el ámbito familiar, personal y social, así como la existencia de datos clínicos relevantes (informes médicos y/o psicológicos).

Las etapas de la evaluación psicopedagógica
Para poder llevar a cabo una evaluación psicopedagógica, primero debe haber una demanda psicopedagógica, en la cual se recoge el motivo por el que se quiere realizar una valoración. Normalmente, la demanda viene recomendada por la escuela, siendo el lugar en donde con más frecuencia se suelen observar las necesidades educativas que presenta el menor. De otro modo, también pueden ser los familiares quienes perciben algunas dificultades y solicitan esta valoración. Con mayor frecuencia, los signos de sospecha que se observan en el alumno están relacionados con un bajo rendimiento académico, con la presencia de dificultades de aprendizaje, como por ejemplo en la lectoescritura, así como también déficit atencional y/o alteraciones en la conducta.
Asimismo, la evaluación psicopedagógica se divide en dos fases: por una parte, la recogida de información y valoración de esta misma, y por otra, la elaboración de un informe psicopedagógico y la devolución diagnóstica a la familia donde se detallan orientaciones para su intervención. Durante la primera fase, se reúne toda la información a partir de diferentes fuentes de contacto (la familia, el profesorado y el alumno) utilizando diversas técnicas, tales como el análisis de la documentación previa, la observación y administración de pruebas psicométricas y la entrevista a la familia y/o profesores. A la hora de evaluar, se seleccionan las pruebas más adecuadas según las dificultades que presente el niño o niña, con tal de poder recoger mayor información sobre su dominio en los contenidos del currículum académico, las conductas que presenta, así como su nivel de desarrollo (cognitivo, motriz, emocional, etc.).
Para cada área a explorar, existen unas baterías de pruebas psicométricas que con más frecuencia pueden utilizarse para llevar a cabo este tipo de valoración:
- Para evaluar las aptitudes y rendimiento intelectual se suele utilizar la prueba WISC-V (que evalúa aptitud de inteligencia general), la Figura Compleja de Rey (que mide la capacidad perceptiva y de memoria visual) y la prueba ENFEN (que valora el la competencia de las funciones ejecutivas del individuo).
- Para evaluar la capacidad atencional: se suele utilizar la prueba D2-R (atención sostenida) y la prueba CARAS (atención selectiva y control inhibitorio atencional).
- Para evaluar los aprendizajes instrumentales se emplea la prueba PROESC (expresión escrita y ortografía), PROLEC-R, PROLEXIA y PREDISCAL (procesos de comprensión lectora).
- Para evaluar el desarrollo personal y estado emocional se administra la prueba SENA.
No obstante, existe una gran variedad de pruebas y, por lo tanto, se pueden sustituir algunas de las detalladas anteriormente por otras, según convenga, tal como el ITPA, TESEN, etc.
El informe psicopedagógico
Una vez realizada la exploración, se integra y analiza toda la información obtenida, tanto cualitativa (entrevistas y observaciones) como cuantitativa (resultados de las pruebas) y se elabora el informe psicopedagógico. En este mismo constará toda la información relacionada con el alumno, la anamnesis, la evaluación o exploración, la síntesis diagnóstica, así como las orientaciones y el plan de trabajo a realizar. Una vez redactado el informe psicopedagógico, se lleva a cabo la última fase de la evaluación, la devolución diagnóstica, donde se citan a los familiares del niño o niña para informarles sobre los resultados de las pruebas administradas, la orientación diagnóstica y cuáles son las recomendaciones terapéuticas y el plan de trabajo a seguir.
Evaluación psicopedagógica vs. evaluación psicológica
Con respecto a la hora de elegir el tipo de evaluación a realizar, se debe tener en cuenta cuál es el motivo por el que se solicita la valoración, ya que existe una diferencia específica que conlleva a elegir la valoración psicopedagógica, con respecto a la psicológica, neuropsicológica, entre otras. Esta diferencia recae en el hecho que la información que se deberá recoger estará relacionada con el proceso educativo del niño o niña, por lo que no se saldrá fuera del proceso de enseñanza – aprendizaje, y por lo tanto, las pruebas que se administrarán estarán relacionadas a evaluar qué factores interfieren en su proceso de aprendizaje, con la finalidad de detectar estas necesidades educativas y dar orientaciones para satisfacerlas.
Referencias bibliográficas
Evaluación Psicopedagógica: qué es y cómo se realiza (2023, 23 de enero). Sefhor. https://sefhor.com/evaluacion-psicopedagogica/
Henao López, G. C., Martínez Zamora, M., & Tilano Vega, L. M. (2007). La evaluación psicopedagógica: revisión de sus componentes. EL ÁGORA USB, 7(1), 77-84.