Autora: Carla Carulla, psicóloga infantojuvenil en Elisabet Rodríguez – Psicologia i Psicopedagogia (Granollers).
La época navideña y las dificultades psicológicas asociadas
Las fiestas de Navidad pueden resultar un periodo especialmente complicado para algunos colectivos de personas, por ejemplo aquellas que están transitando un duelo de un ser querido, o que presentan síntomas depresivos, personas que sufren de ansiedad social, etc. Cualquier persona que esté pasando por una problemática psicológica puede vivir la Navidad con dificultad. Y esto se puede magnificar aún más para las personas que estén experimentando problemas con la alimentación o un trastorno de la conducta alimentaria, ya que circunstancias como las celebraciones familiares que tienden a estar vinculadas a comidas y cenas juegan un papel central.
En el presente artículo proponemos una lectura que puede ir enfocada a la población general que en estas semanas desarrolla o incrementa su temor a ganar peso. No pocas personas permanecen ajenas a este miedo durante estas fechas. De hecho, es frecuente que a inicios de diciembre tienden a aparecer en redes sociales y programas televisivos de “expertos” de la medicina, nutrición o psicología que plantean pautas para «evitar engordar durante la Navidad” o para «controlar las ingestas durante estas fechas”. Estos mensajes, lejos de ayudar, pueden contribuir a crear una presión extra sobre estas fiestas durante las comidas familiares, de tal forma que alejan el foco del disfrute o de la gratificación de esta época, para ponerlo de lleno en el control de la imagen corporal y del miedo a ganar peso.
El origen del miedo a engordar
El miedo a engordar, teniendo en cuenta la sociedad en la que vivimos, es un miedo completamente «comprensible» (aunque no razonable). En nuestra sociedad existen unos cánones de belleza claros (que hacen referencia a la delgadez y en los que encajan muy poquita parte de la población) y los cuerpos que salen de esta normatividad sufren la gordofobia presente en la sociedad a través del estigma y la discriminación.
Esto tiene su origen en la cultura de la dieta en la que vivimos, que pone la delgadez como objetivo vital principal y lo asocia con la salud, el éxito y la felicidad. Esto conduce a la asunción general de que los cuerpos delgados son más saludables, por ende, mejores, y por lo que ellos dictan nuestra valía como personas. Todo esto no es inocuo, ya que se genera una normalización del control y la restricción alrededor de la conducta alimentaria y el ejercicio físico, de la moralización de los alimentos en “buenos” o “malos” y de la priorización del peso y la imagen corporal por encima del bienestar físico y mental.
Así, es «esperable» que la demanda de la pérdida de peso sea una de las demandas más habituales en consultas de nutrición y que esto se incremente aún más después de la Navidad, periodo donde impera la creencia de que ganar peso es un fracaso.

Pautas para gestionar psicológicamente el miedo a ganar peso en Navidad
En primer lugar, es importante recordar que este periodo es temporal, que no dura para siempre ni tiene un efecto determinante en la propia salud o imagen corporal. Se trata simplemente de una etapa específica por el que pasamos todos los año y que tiene un tiempo determinado, tras el cual se recupera la propia alimentación habitual. Teniendo en cuenta esta información, pierde gran parte del sentido poner tanta atención y presión a lo que se come durante estas fechas, ya que lo que realmente puede llegar a tener un impacto sobre la propia salud son los hábitos alimentarios generales, los que se mantienen durante el resto del año. De poco sirve la tensión y restricción sobre la propia alimentación durante estos días si los hábitos durante la mayor parte del año no son favorables. Así entonces, conviene plantear un modelo de alimentación respetuoso, saludable con cuerpo y mente y alejado de la restricción, que sea mantenible a largo plazo, huyendo así de las dietas de corta duración, que ya se ha comprobado que no tienen eficacia a medio y a largo plazo.
Cabe tener en cuenta también que la alimentación tiene muchas más funciones que la puramente nutritiva. La alimentación tiene una función nutritiva, pero también de placer, satisfacción, cultura, sociabilización, celebración, etc. Atender a todas estas funciones es tan necesario para la propia salud como que los nutrientes que se ingieran sean “saludables”. De hecho, diversos estudios han demostrado que tanto la absorción de los nutrientes como la digestión mejora cuando se disfruta de la comida que se ingiere. Así entonces, es importante recordarnos durante estas fechas que comiendo ciertos alimentos también estamos respetando estas otras necesidades de placer, celebración, entre otras, que son necesarias para una buena salud física y emocional.
Asimismo, es importante comprender que la mentalidad de restricción, privación y control no permite mantener una relación saludable con la alimentación. Si una persona observa como las estanterías del supermercado están repletas de turrones, así como en la sobremesa cuando se producen encuentros sociales desde principios de diciembre pero se permite comerlos hasta el día 25, en esa fecha, con mucha probabilidad, va a llegar con unas ansias de turrón que probablemente van a hacer que lo ingiera en grandes cantidades, sin respetar las señales de hambre y saciedad. Del mismo modo que el hecho de tener alguna privación más adelante (por ejemplo, saber que no va a volver a comer turrones hasta el año que viene), también hace que se coma descontroladamente antes de la privación. Por estas razones, conviene aproximarnos a todos los alimentos propios de estas fechas desde un inicio con tranquilidad y respeto a nuestras señales corporales. Al saber que nos permitimos comer turrón hoy, mañana, el día posterior, el día de Navidad y los siguientes, va a ser mucho más probable que nos logremos escuchar las propias apetencias y que se regule de forma natural la ingesta de la cantidad de turrón total. Esto permite una una mayor consciencia y mayor tranquilidad de la alimentación seguida en estas semanas, así como se elimina la sensación de «estar llenísimo/a» después de cada comida.
Finalmente, otra recomendación relevante reside en evitar las conductas de comprobación como pesarse o analizar el cuerpo en el espejo durante estos días, así como el compensar los días siguientes. Cabe recordar que el hecho de compensar saltándose alguna comida solo hace que lleguemos a la siguiente con más hambre y mayor probabilidad de comer descontroladamente; así como que el eje central de estas fiestas se desvíe hacia la imagen o forma del cuerpo en lugar de hacerlo hacia el disfrute y hacia la compañía recibida. Así que en estas semanas intenta reorientar el foco en tus hábitos de autocuidado, así como también compartir tiempo con quien realmente te apetezca y aprovechar tu tiempo libre para realizar actividades agradables para ti.
Referencias bibliográficas
Lozada, V. & Fernández, E. (2023). Come sin hacer dieta: una nueva forma de entender la nutrición. Grijalbo.