Autora: Carla Carulla, psicóloga infantojuvenil en Elisabet Rodríguez – Psicologia i Psicopedagogia (Granollers).
La naturaleza de las relaciones de pareja o relaciones sexoafectivas es un tema que genera gran interés en la población general y, sin duda, deviene una frecuente cuestión a abordar en las consultas de psicología. Con cada vez más asiduidad se está poniendo énfasis en la importancia de establecer relaciones, ya que desafortunadamente en la realidad se observa un auge de dinámicas de dependencia y/o abuso tanto en parejas de edad avanzada como en aquellas más jóvenes.
Dependencia emocional: ¿cómo definirla?
De forma previa, un concepto clave que cabe definir hace referencia a qué se entiende por dependencia emocional.
La dependencia emocional consiste en una exageración patológica de las dinámicas que una persona mantiene en sus relaciones de pareja. Esta dependencia implica una necesidad del otro excesiva, un temor grande al abandono y una idealización del otro miembro de la pareja. Cuando una relación es dependiente, se pone de manifiesto con comportamientos de sumisión y los mecanismos que las subyacen parecen mantener una gran similitud con las adicciones.
Un concepto muy presente en redes sociales es el referido a las red flags (banderas rojas). Este fenómeno hace referencia a qué indicadores pueden activar las alarmas sobre la ocurrencia de actitudes o actos que pueden implicar un comportamiento nocivo dentro de una relación. A pesar de que algunas red flags tienen mucho que ver con los valores personales de cada uno/a, es preciso recordar que existen ciertas banderas rojas que deben ser respetadas sine qua non, ya que se incluyen dentro de los derechos humanos individuales. Estas son, por ejemplo, las faltas de respeto y menosprecio, la manipulación, la invalidación emocional o el maltrato físico o psicológico.
¿Cómo influye la idea del «amor romántico» en las relaciones sexoafectivas?
Es cada vez más frecuente encontrar en terapia a personas que sufren abusos emocionales por parte de sus parejas. El problema es que en la mayoría de las ocasiones el abuso empieza de manera muy sutil, prácticamente invisible ya que se basa en comportamientos inadecuadamente normalizados a nivel social. Este hecho ha sido y es en gran medida consecuencia de la transmisión de la idea del amor romántico como un estilo de relación modelo. Esta idea idealizada y no realista se ha ido perpetuando socialmente a través de medios de comunicación y de medios audiovisuales, especialmente en las últimas generaciones. Los adolescentes y jóvenes parecen estar interiorizando peligrosamente ciertas ideas como: “tener pareja es la mayor meta en la vida”, “estar enamorados significa estar juntos en todo momento y compartirlo todo”, “el amor es para siempre”, “el amor puede con todo”, “el amor es lo más importante del mundo y requiere entrega total”, etc. Estas creencias son mitos y dificultan el establecimiento de un espacio de independencia individual dentro de la relación de pareja, normalizando el sufrimiento a fin de mantener ese “amor” como objetivo vital.
Por todo ello, parece indispensable fomentar la visibilización de lo perjudicial que resulta obviar estos límites, estas «banderas rojas», que permiten arrojar luz sobre todos estos conceptos para no dejar pasar por alto la ocurrencia y la detección de abusos emocionales y de otras formas de maltrato psicológico en el seno de la pareja.

¿Qué actitudes de abuso emocional existen?
Como ejemplos de actitudes de abuso emocional, se describen los siguientes:
– Ley del hielo: consiste en los comportamientos cuyo objetivo es ignorar a la otra persona de la pareja. Suele suceder cuando uno de los miembros interpreta que el otro ha hecho algo “mal”, se enfada y, en vez de comunicarlo y poder llegar a un acuerdo, actúa con frialdad ignorando a la otra parte, distanciándose emocionalmente. Es una forma de castigo que denota una gran falta de empatía. Esa conducta se puede dar de diversas formas:
o No responder a los mensajes o llamadas.
o Fingir que no se escucha.
o No responder o hacerlo con monosílabos.
o Hacer como que el otro es invisible.
o Evitar el contacto físico y visual.
o Ignorar peticiones de la otra persona.
o Ignorar conscientemente la expresión de dolor o sufrimiento del otro.
– Luz de gas: esta forma de abuso emocional consiste en manipular la percepción de la realidad de la otra persona, llegando a hacerle dudar de su propia cordura y humillando las emociones que estén presentes. Verbalizaciones como las siguientes son ejemplos de esta conducta:
o Eres muy exagerada.
o Eso no ha pasado así.
o Tampoco es para tanto.
o Eso es una tontería.
o ¿En serio te preocupas por esa chorrada?
o Siempre te enfadas por todo.
o No hace falta que te pongas así.
o Estás loco/a.
– Manipulación: una persona puede estar manipulando al otro miembro de la pareja bajo diversos comportamientos. Algunos de los posibles se describen a continuación:
o No asumir la responsabilidad afectiva en la relación.
o Hacer sentir culpable al otro en cada conflicto.
o Invalidar cuando uno expresa algo que le ha molestado y sacar sus errores del pasado.
o Comportarse distante cuando no se cede a lo que quiere.
o Darle la vuelta a lo sucedido, tergiversando los hechos.
o Menospreciar o humillar y luego decir que es broma.
o Usar el victimismo.
o Usar las debilidades o inseguridades del otro para atacar.
o Amenazar de manera sutil.
o Realizar críticas destructivas enmascaradas entre frases como “me preocupo por ti”.
o Descalificar a través del sarcasmo.
Estas dinámicas suelen estar más presentes en dinámicas de relaciones dependientes, provocando una sensación de falta de equilibrio. Cuando de manera constante se percibe que «algo no va bien» aun sin identificar claramente el desencadenante, cuando cada vez los miembros de la pareja tienden a aislarse el uno del otro o cuando se otorga una prioridad absoluta a la pareja, finalmente se genera la sensación de que la propia estabilidad emocional depende de la pareja. A partir de este momento, empiezan a darse dinámicas intermitentes (conflicto-ruptura-reconciliación) y un pánico extremo a la ruptura y a la soledad. En su conjunto, ello deriva en unas consecuencias importantes en el otro miembro de la pareja, impactando sobre su autoestima, su bienestar emocional y su felicidad.
Las relaciones sanas, ¿cómo identificarlas?
La búsqueda de relaciones sanas se acompaña de frecuentes dudas sobre qué componentes la definen. Los factores indispensables para establecer una relación saludable consisten en variables protectoras que evitan la violencia y que potencian comportamientos asociados al buen trato entre los miembros de la pareja. En la siguiente lista se exponen algunos de los elementos que suelen estar presentes en una relación sexoafectiva sana, los cuales están basados en el respeto, la igualdad y la responsabilidad emocional. Estos valores potencian la sensación de seguridad y bienestar personal en uno mismo y en la pareja.
– Se fomenta el respeto mutuo.
– Se promueve la confianza en la otra persona y en la pareja.
– Existe apoyo emocional.
– No se invalidan las emociones del otro.
– Se mantienen las identidades separadas, la autonomía y el tiempo personal.
– Hay una buena comunicación.
– Se permite expresar el malestar y la molestia.
– Se aceptan los límites interpersonales que se establecen.
– Se resuelven los problemas como un equipo, no desde el enfrentamiento.
Referencias bibliográficas
Congost, S. (2014). Manual de dependencia emocional afectiva.
Esclapez, M. (2021). Guia de dependencia emocional.
Lara et al. (2020). Relaciones sanas: guía para la prevención de la violencia en las relaciones de pareja joven.
Pereda Calvo, L. (2021). Construcción social del amor, pareja y dependencia.