ATENCIÓN SOSTENIDA Y APRENDIZAJE: ESTRATEGIAS PARA OPTIMIZAR EL RENDIMIENTO ACADÉMICO

Autora: Jéssica Rodríguez, psicopedagoga en Elisabet Rodríguez – Psicologia i Psicopedagogia (Granollers)

Los procesos atencionales son unas de las funciones cognitivas más importantes dentro del aprendizaje. Existen muchos tipos de atención, si bien en el artículo de hoy nos centraremos en la definir la atención sostenida. Esta capacidad permite a la persona mantener la concentración durante periodos prolongados, por lo que cumple un papel muy relevante dentro del ámbito educativo. Además, teniendo en cuenta que actualmente estamos inmersos en una época marcada por la inmediatez digital y por la existencia de múltiples fuentes de distracción, entrenar este tipo de atención se ha vuelto muy relevante.

El concepto de atención sostenida

En referencia al concepto, se entiende la atención sostenida como la capacidad que tiene la persona para mantener la concentración durante una tarea o estímulo durante un tiempo determinado, sin perder el interés por este. Por lo que permite a la persona seguir explicaciones, resolver problemas complejos, leer textos largos o completar tareas escolares con éxito.

A diferencia de otros procesos atencionales como la atención selectiva, aquella que está encargada de filtrar estímulos irrelevantes o la atención dividida que permite atender a más de un input a la vez, la atención sostenida requiere un esfuerzo mental constante, siendo por ello una de las más complejas. Si nos centramos en el ámbito educativo, este tipo de atención es la que permite al alumno/a escuchar una explicación larga, realizar un examen o trabajar en un proyecto.

Asimismo, cuando un alumno/a presenta una adecuada atención sostenida suele presentar mayor autonomía en el estudio, una mejor comprensión lectora, un mayor desempeño en tareas para resolver problemas, así como menores errores por distracción o impulsividad. No obstante, cuando esta habilidad está debilitada el alumno/a puede presentar un bajo rendimiento académico, mayor frustración, desmotivación y dificultades para terminar tareas. Un alumnado frecuente es aquel que presenta TDAH u otras dificultades de aprendizaje, dado que la atención sostenida se encuentra debilitada.

Factores que influyen en la capacidad atencional sostenida

Existen diversos factores que pueden afectar la capacidad de mantener la atención durante un largo tiempo, algunos de ellos son:

1) Los estímulos externos constantes como los teléfonos móviles, las pantallas, las redes sociales y las notificaciones de dichos dispositivos, ya que interrumpen de manera frecuente la concentración de la persona.

2) La falta de sueño o disponer un hábito de sueño inadecuado, ya que el cansancio disminuye la eficiencia cognitiva.

3) La ansiedad o el estrés, factores emocionales importantes que si se encuentran alterados interfieren de manera significativa en la atención.

También existen otros factores como las actividades repetitivas o la ausencia de retroalimentación que derivan en una falta de motivación para la persona, por lo que deben buscarse actividades variadas que generen desafíos para mejorar dicha motivación y la atención.

Estrategias para fomentar la atención sostenida

Por lo tanto, la atención sostenida se puede mejorar mediante el entrenamiento constante con ejercicios y estrategías específicas, tanto en el ámbito educativo como en el familiar. A continuación se detallan algunas de estas actividades que se pueden implementar:

  • Ejercicios cognitivos estructurados como buscar diferencias entre imágenes o números, realizar una lectura cronometrada con preguntas (aquí se trabajaría también la comprensión lectora), hacer sopas de letras, sudokus, juegos de memoria (como el Memory) o tareas tipo Stroop (de colores o objetos) ya que ayudan a mantener el foco durante más tiempo.
  • Juegos de mesa o digitales: el ajedrez, el memory, hacer puzzles o videojuegos educativos, son juegos que permiten trabajar la atención si se usan de manera adecuada y controlada.
  • Mindfulness y respiración consciente: se ha demostrado que la práctica regular de atención plena mejora la concentración y reduce la impulsividad en las personas.
  • Rutinas y entornos estructurados: el poder disponer de un ambiente organizado con unos tiempos definidos y con objetivos claros ayuda a que el cerebro se enfoque mejor en lo que se debe de hacer y por lo tanto, mejora la atención.

Asimismo, tal como se ha ido comentando, tanto en el ámbito educativo como en el familiar se puede adaptar el entorno para evitar distracciones y mejorar la atención del alumnado, por ejemplo: dividiendo las tareas grandes en pasos más pequeños, permitir descansos breves entre actividades, usar señales visuales o auditivas para marcar el inicio y la finalización de una tarea, reforzar de manera positiva mediante elogios, así como disminuir los posibles estímulos distractores tanto visuales como auditivos.

Cabe destacar que no todos los alumnos/as que se distraen con facilidad tienen por ello un trastorno atencional, pero sí que existe una serie de indicadores que pueden alertar sobre la existencia de dichas dificultades en la atención sostenida. Algunos de ellos son cuando el alumno/a tiende a abandonar las tareas sin finalizarlas, incluso si estas son sencillas, cuando necesita recordatorios constantes para volver a enfocarse en lo que está haciendo, cuando se distrae con facilidad ante estímulos irrelevantes de su entorno, comete errores frecuentes por no revisar o precipitarse, tiene dificultades para seguir instrucciones que requieren de varios pasos secuenciados, se muestra irritable o cansado en el momento que debe de concentrarse durante un largo período de tiempo, entre otras. Por lo tanto, ante la presencia sostenida de estos signos, es recomendable realizar una evaluación psicopedagógica para comprender mejor las causas y proponer un plan de intervención personalizado. De esta manera, una detección temprana permite evitar frustraciones, prevenir el fracaso escolar y mejorar la calidad del aprendizaje del alumnado.

A modo de conclusión

Por lo tanto, como se ha comentado a lo largo del artículo, trabajar la atención sostenida es fundamental para lograr un aprendizaje significativo. En un entorno saturado de estímulos que compiten constantemente por nuestra concentración, reforzar esta habilidad en niños y adolescentes se vuelve una tarea urgente y necesaria desde la psicopedagogía. Por ello, con una detección temprana, estrategias adecuadas, un entorno estructurado y favorable y una intervención constante y paciente, es posible fortalecerla y mejorar tanto el rendimiento académico como el bienestar general del alumnado.

Referencias bibliográficas

Ríos, J. L. (2012). Neuropsicología del aprendizaje. Madrid: Síntesis.

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