FUNCIONES EJECUTIVAS: ¿QUÉ SON Y QUÉ PAPEL JUEGAN EN EL APRENDIZAJE?

Autora: Jéssica Rodríguez, psicopedagoga en Elisabet Rodríguez – Psicologia i Psicopedagogia (Granollers)

En los últimos años, el fenómeno de las funciones ejecutivas (FFEE) ha ido tomando un papel cada vez más central en el ámbito educativo y psicopedagógico, donde cada vez con mayor frecuencia escuchamos hablar de dificultades de atención, problemas de organización, falta de planificación o impulsividad en niños y adolescentes. Sin embargo, detrás de muchas de estas dificultades no se encuentra una falta de capacidad intelectual ni de motivación, sino un desarrollo inmaduro o alterado de las funciones ejecutivas.

Desde la psicopedagogía, comprender qué son las funciones ejecutivas y cómo influyen en el aprendizaje es clave para poder diseñar intervenciones eficaces y ajustadas a las necesidades reales del alumnado.

¿Qué son las funciones ejecutivas?

Las funciones ejecutivas son un conjunto de habilidades cognitivas de alto nivel que nos permiten dirigir la conducta hacia una meta, regular nuestras emociones y adaptar nuestro comportamiento a las demandas del entorno. Se desarrollan principalmente en el lóbulo prefrontal y su maduración es progresiva, extendiéndose hasta la adultez temprana.

Entre las funciones ejecutivas más relevantes en el contexto escolar encontramos:

  • La atención sostenida y selectiva
  • La memoria de trabajo
  • La planificación y organización
  • El control inhibitorio
  • La flexibilidad cognitiva
  • La autorregulación emocional

Estas habilidades no funcionan de manera aislada, sino que interactúan constantemente para permitir que el alumnado aprenda, estudie, se organice y responda de forma adecuada a las exigencias académicas y sociales.

Funciones ejecutivas y aprendizaje escolar

El impacto de las funciones ejecutivas en el aprendizaje es profundo y transversal. Por ejemplo, para resolver un problema matemático, un alumno necesita mantener la información relevante en la memoria de trabajo, inhibir distracciones, planificar los pasos a seguir y comprobar si la respuesta es coherente. Del mismo modo, para estudiar un tema, debe organizar el tiempo, priorizar tareas, mantener la atención y regular la frustración.

Pero cuando estas habilidades no están suficientemente desarrolladas pueden aparecer dificultades como:

  • Olvidos frecuentes de tareas o materiales
  • Lentitud en la ejecución de actividades
  • Dificultades para iniciar el trabajo
  • Problemas para seguir instrucciones largas
  • Bloqueo ante tareas complejas
  • Baja tolerancia a la frustración

Cabe destacar que en muchos casos, estas conductas se interpretan erróneamente como desinterés, falta de esfuerzo o mala actitud, cuando en realidad reflejan una dificultad en la gestión de los propios procesos cognitivos.

Funciones ejecutivas y necesidades educativas específicas

Las dificultades en las funciones ejecutivas están especialmente presentes en alumnado con TDAH, trastornos del aprendizaje, Trastorno del Espectro Autista o dificultades emocionales. No obstante, también pueden aparecer sin diagnóstico clínico, especialmente en contextos de alta exigencia académica.

Desde la psicopedagogía, resulta fundamental realizar una evaluación exhaustiva que permita identificar si las dificultades de rendimiento tienen su origen en aspectos ejecutivos y no únicamente en contenidos académicos. De este modo, la intervención puede orientarse no solo a “qué estudiar”, sino a “cómo estudiar”.

El papel de la intervención psicopedagógica

La intervención psicopedagógica en funciones ejecutivas no se basa únicamente en realizar ejercicios cognitivos, sino en enseñar estrategias que el alumnado pueda generalizar a su día a día.

Algunas líneas de intervención clave son:

  • Entrenamiento en planificación y organización, utilizando agendas, calendarios visuales y descomposición de tareas en pasos pequeños.
  • Mejora de la memoria de trabajo, a través de estrategias como esquemas, apoyos visuales y repetición activa.
  • Autorregulación emocional, enseñando a identificar emociones, anticipar situaciones de estrés y utilizar estrategias de afrontamiento.
  • Control inhibitorio, mediante juegos, normas claras y rutinas estructuradas.
  • Flexibilidad cognitiva, fomentando la búsqueda de alternativas y la aceptación del error como parte del aprendizaje.

Es importante destacar que estas estrategias deben adaptarse a la edad, al nivel educativo y a las características individuales del alumnado, así como también deben aplicarse de forma sistemática y coherente.

La colaboración con la familia y el centro educativo

Además, para trabajar las funciones ejecutivas es mucho más eficaz cuando existe una coordinación entre profesionales, familia y centro educativo, ya que las estrategias utilizadas en las sesiones psicopedagógicas deben generalizarse al aula y al hogar para que el alumnado pueda interiorizarlas y utilizarlas de forma autónoma.

Por eso, es esencial orientar a las familias sobre la importancia de las rutinas, la anticipación y el acompañamiento progresivo ya que resulta esencial para evitar dinámicas de dependencia o sobreprotección. Del mismo modo, asesorar al profesorado sobre ajustes metodológicos puede marcar una diferencia significativa en el día a día del aula.

Además, es importante recordar que el desarrollo de las funciones ejecutivas no es lineal ni homogéneo, ya que cada niño y adolescente avanza a su propio ritmo, influido por factores madurativos, emocionales y contextuales. Por lo que resulta fundamental acompañar estos procesos desde una mirada respetuosa y ajustada, entendiendo que las funciones ejecutivas se entrenan y se consolidan con la práctica, el modelado y el apoyo progresivo. No se trata de exigir autonomía de forma inmediata, sino de construirla paso a paso, ofreciendo apoyos progresivos que se retiren gradualmente, ya que cuando el alumnado se siente comprendido y apoyado, aumenta su motivación, mejora su percepción de autoeficacia y se reduce el malestar emocional asociado al aprendizaje. 

A modo de conclusión

Las funciones ejecutivas constituyen la base del aprendizaje autónomo y autorregulado, por lo que atender a su desarrollo no solo mejora el rendimiento académico, sino que favorece el bienestar emocional, la autoestima y la confianza del alumnado en sus propias capacidades.

Desde la psicopedagogía, acompañar al alumnado en el desarrollo de estas habilidades implica mirar más allá de las calificaciones y comprender cómo aprende cada persona. De tal manera que invertir en funciones ejecutivas es, en definitiva, invertir en un aprendizaje más significativo, inclusivo y duradero.

Referencias bibliográficas

García-Molina, A., Tirapu-Ustárroz, J., & Roig-Rovira, T. (2015). Funciones ejecutivas y aprendizaje escolar. Revista de Psicología y Educación, 10(2), 7–24.

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