Autora: Mireia Toral, psicóloga general sanitaria en Elisabet Rodríguez – Psicologia i Psicopedagogia (Granollers).
¿Quién fue Jane Goodall?
Jane Goodall no solo es una de las primatólogas más reconocidas de la historia; es también una figura que transformó profundamente la forma en que la ciencia y la psicología entienden la mente animal, la empatía y la conexión entre especies. Su vida es el relato de una curiosidad insaciable, una observación paciente y una profunda sensibilidad hacia el comportamiento y las emociones, tanto de los animales como de los seres humanos. Como ella misma escribió: “Lo que hace especial al ser humano no es la razón, sino nuestra capacidad de compasión y comprensión hacia los demás seres vivos” (Goodall, 2000). Esa idea, que atraviesa toda su obra, fue el motor que guió sus descubrimientos y su compromiso ético con el mundo natural.
Sus orígenes en el ámbito científico
Nacida en Londres en 1934, Jane Goodall creció con una pasión temprana por los animales. Desde pequeña observaba pájaros y gatos con el mismo rigor con el que más tarde estudiaría a los chimpancés. Sin formación universitaria inicial en biología o zoología, su camino hacia la ciencia fue poco convencional. A los 23 años viajó a Kenia, donde conoció al famoso paleoantropólogo Louis Leakey, quien reconoció de inmediato su intuición y capacidad de observación. Leakey la contrató como asistente y, más tarde, le confió una misión que cambiaría su vida: estudiar chimpancés en estado salvaje en la reserva de Gombe, en Tanzania.
Goodall se adentró sola en un territorio que en aquel momento era inexplorado científicamente. En 1960 comenzó su trabajo de campo sin más herramientas que unos prismáticos, un cuaderno y una paciencia infinita. Su metodología rompió con las prácticas científicas de la época. En lugar de observar desde la distancia, se integró en el hábitat de los chimpancés, estableciendo un contacto gradual hasta que ellos la aceptaron como una presencia no amenazante. Este enfoque empático fue el que permitió algunos de los descubrimientos más revolucionarios del siglo XX.

Hallazgos y aportaciones durante su trayectoria profesional
Uno de sus hallazgos más impactantes fue observar a un chimpancé llamado David Greybeard utilizando una rama modificada para extraer termitas de un montículo. Hasta entonces, el uso de herramientas se consideraba un rasgo exclusivamente humano. Cuando Goodall comunicó su observación, causó conmoción en el ámbito científico. Louis Leakey respondió con una frase que se haría célebre: “Ahora debemos redefinir el término ‘herramienta’, redefinir al ‘hombre’ o aceptar que los chimpancés son humanos.”
Pero más allá de la cuestión técnica, el hallazgo de Goodall tuvo un profundo impacto filosófico y psicológico. Rompió con la idea de que los animales eran autómatas sin mente ni emociones. Sus descripciones detalladas de los lazos entre madres e hijos, los juegos entre jóvenes o las conductas de cooperación y duelo mostraban que los chimpancés no solo pensaban, sino que sentían. Este reconocimiento de la vida emocional en los animales fue un paso decisivo hacia la comprensión de la continuidad psicológica entre especies.
Desde la perspectiva de la psicología comparada, los trabajos de Jane Goodall abrieron nuevas líneas de investigación sobre el comportamiento social, el aprendizaje y la empatía en los primates. Su observación de cómo los chimpancés aprenden imitando a otros, cómo forman jerarquías sociales o cómo manifiestan comportamientos agresivos y reconciliatorios ayudó a entender la base evolutiva de muchos procesos humanos. El paralelismo entre los vínculos afectivos de los chimpancés y los humanos, por ejemplo, ha sido fundamental para comprender el papel del apego y la empatía en el desarrollo social.
Goodall también mostró que los chimpancés podían ser violentos, organizar ataques coordinados y mostrar crueldad. Este descubrimiento, que al principio le resultó doloroso, reveló una faceta más compleja de la naturaleza: los chimpancés, como los humanos, son capaces de ternura y agresión, de compasión y conflicto. Su trabajo, por tanto, no idealiza la vida animal, sino que la presenta en toda su riqueza y ambigüedad.
A modo de conclusión: el legado de Jane Goodall
A lo largo de su carrera, Jane Goodall ha sido tanto una científica como una humanista. Su modo de investigar, basado en la observación empática, ha influido en la psicología humanista y en el enfoque de la psicología del bienestar animal, que reconoce la importancia del entorno emocional en el comportamiento de los animales. Desde una mirada psicológica, su trabajo también pone de relieve la capacidad humana de proyectar, identificar y conectar emocionalmente con otras especies. En los años posteriores, Goodall se ha dedicado a la conservación y la educación. Fundó el Jane Goodall Institute, dedicado a proteger chimpancés y a promover programas de desarrollo sostenible en comunidades africanas.
Goodall ha pasado más de seis décadas observando a los chimpancés, pero también invitándonos a observarnos a nosotros mismos. Su legado va mucho más allá de la biología: nos obliga a reconsiderar qué significa ser humano. Al estudiar la mente y el corazón de los chimpancés, nos ha mostrado un espejo donde se reflejan nuestras emociones más esenciales: el afecto, la agresión, el cuidado, la curiosidad. En ese espejo descubrimos que no somos tan distintos, y que comprender al otro —sea humano o animal— es el primer paso hacia una convivencia más compasiva.
Referencias bibliográficas
Goodall, J. (2000). Reason for Hope: A Spiritual Journey. New York: Grand Central Publishing.