Autora: Carla Carulla, psicóloga infantojuvenil en Elisabet Rodríguez – Psicologia i Psicopedagogia (Granollers).
Cerrar una etapa de la vida, sea del tipo que sea, puede representar una experiencia emocional intensa y a veces desafiante. Todos cerramos etapas constantemente a lo largo de nuestra vida, sea de forma más o menos consciente. Lo hacemos cuando dejamos una relación, cuando acabamos un curso escolar, cuando dejamos un trabajo o hacemos un cambio de carrera, cuando nos mudamos, cuando dejamos una afición que nos ha acompañado un tiempo, cuando se acaba una experiencia que tenía una duración limitada o cuando perdemos a un ser querido.
No siempre es fácil saber cómo afrontar emocionalmente estos cambios para hacer un cierre con el que nos sintamos cómodas. En múltiples ocasiones pasamos muchas de las situaciones mencionadas en piloto automático y sin procesar realmente lo que dejamos atrás; en otras podemos tender a aferrarnos a lo conocido, aunque no sea lo más positivo para nosotros. La incertidumbre frente a lo nuevo que está por venir puede dificultar ese dejar ir y complicarnos el proceso de duelo y aceptación. La resistencia al cambio es uno de los fenómenos que más sufrimiento genera en dichos cambios vitales. En el artículo de hoy planteamos algunas claves a tener en cuenta para ayudar a cerrar capítulos de una forma sana y constructiva.
De forma previa, cabe mencionar que, como seres humanos, estamos biológicamente preparados para afrontar la pérdida y transitar el cambio, por lo que estos procesos no tienen por qué ser patológicos. Sin embargo, tomar consciencia del proceso que estamos viviendo a nivel emocional nos ayuda a hacer una gestión más consciente y alineada con los propios valores y necesidades.

¿Qué procesos son esenciales para cerrar eficazmente las etapas vitales?
Lo primordial es poder parar y reconocer las emociones que aparecen ante el cierre de la etapa. Permitirnos sentir la tristeza, la rabia, el alivio, el miedo (o cualquier otra emoción que pueda aparecer) es fundamental para poder procesar el duelo y la adaptación. La escritura nos puede ayudar en estos casos, acompañándonos a tomar consciencia de las propias emociones y pensamientos ante dicha circunstancia y fomentando una actitud de observación y aceptación ante las mismas. Asimismo, compartir las propias emociones al respecto con personas de seguridad ayuda también a ir integrándolas y a darles un espacio seguro donde expresarse. La meditación y la práctica de la atención plena también pueden favorecer el entrar en contacto con las emociones sin juicios.
Una vez conectados con la propia experiencia emocional, pensamos que es también de gran importancia tomarse un tiempo para la reflexión sobre lo vivido. Toda experiencia (sea más o menos agradable) va acompañada de aprendizajes y crecimiento. Pararse a reflexionar sobre lo que ha supuesto esta etapa para cada persona, sus aspectos positivos y sus aspectos negativos, los aprendizajes que se han obtenido y qué impacto ha tenido en el propio crecimiento puede dar un sentido a la experiencia emocional que se está experimentando y ofrecer una perspectiva más amplia sobre lo vivido. En este punto es relevante no caer en la idealización de todas las experiencias, hay etapas de la vida que han sido adversas per se. Así, no se trata de romantizarlas buscando los aspectos positivos si no los hay, pero si reconocer el papel que han tenido en la propia persona y los aprendizajes que se pueden haber generado a partir de ellas.
Otro de los aspectos clave para el proceso de cierre de etapas es la aceptación. El cambio y la pérdida forman parte de la vida y aprender a convivir con ello dejando atrás la actitud de lucha o resistencia es de gran importancia para seguir adelante y no quedarse anclado en el pasado. Aceptar la fluidez de la vida y practicar el agradecimiento por lo vivido, al conectar con ello, puede resultar de ayuda en esta parte del proceso.
Finalmente, la despedida puede también jugar un rol sano e importante a la hora de cerrar etapas. No siempre va a ser posible realizar una despedida como tal, por lo que realizar un acto simbólico de despedida puede representar un ejercicio muy útil para cerrar el capítulo. En este acto simbólico, la creatividad toma presencia y se pueden imaginar tantas acciones y escenarios como cada persona pueda pensar. En ocasiones puede servir de despedida consciente el escribir una carta, el realizar una ceremonia personal encendiendo una vela o haciendo una foto, el ofrecer un regalo o el dedicar un momento de consciencia y atención plena a eso que se acaba. La imaginación de cada persona juega un papel importante aquí para la elaboración de la despedida que cada uno crea más alineada consigo mismo.
Ser conscientes de que estamos cerrando una etapa nos permite el activar con mayor consciencia los cuidados hacia uno mismo de manera paralela a todo el proceso. El autocuidado y el prestar atención a las propias necesidades físicas, emocionales y mentales ayudan a afrontar dicho proceso con mayor estabilidad, apoyo y estructura.
A modo de conclusión
Finalmente consideramos relevante también recordar que todo cierre de etapas posibilita la apertura a nuevas experiencias y oportunidades, por lo que conectar con nuevas inquietudes, retos e intereses puede ser también una forma de mantenernos abiertos a lo que seguiremos experimentando con posterioridad. Es muy frecuente y natural que aquí conectemos con el miedo y la incertidumbre, emociones intrínsecas a el afrontamiento de nuevas situaciones que no conocemos. Pero permitirnos vivir con consciencia cada etapa supone un gran crecimiento personal y emocional que nos servirá, seguro, para lo próximo que está por llegar.