LA COMUNICACIÓN EN LA PAREJA: IMPLICACIONES EN LA REGULACIÓN EMOCIONAL DURANTE LOS CONFLICTOS

Autora: Mireia Toral, psicóloga general sanitaria en Elisabet Rodríguez – Psicologia i Psicopedagogia (Granollers).

La comunicación en el seno de la relación de pareja

La comunicación constituye uno de los pilares fundamentales en la construcción y mantenimiento de las relaciones de pareja. Más allá del contenido de los mensajes, la forma en que las personas expresan pensamientos, emociones y necesidades influye de manera significativa en la calidad del vínculo. En la práctica clínica y en la investigación psicológica se han identificado diferentes estilos de comunicación que pueden favorecer o dificultar la resolución de conflictos y la regulación emocional dentro de la relación. Entre los más estudiados se encuentran el estilo pasivo, el agresivo, el pasivo-agresivo y el asertivo.

En las relaciones de pareja, los conflictos son inevitables y, en muchos casos, incluso pueden resultar adaptativos cuando permiten expresar necesidades, negociar diferencias y fortalecer el vínculo. Sin embargo, la forma en que estos conflictos se abordan depende en gran medida del estilo comunicativo predominante en cada miembro de la pareja. Cuando la comunicación se basa en patrones disfuncionales, es más probable que los desacuerdos escalen en intensidad, generen malestar emocional y contribuyan al deterioro de la relación (Gottman & Levenson, 2000).

Los 4 estilos comunicativos

El estilo de comunicación pasivo se caracteriza por la dificultad para expresar opiniones, emociones o necesidades propias por miedo al conflicto, al rechazo o a generar malestar en la otra persona. Las personas que adoptan este estilo tienden a priorizar las necesidades de su pareja por encima de las propias, evitando confrontaciones incluso cuando experimentan frustración o insatisfacción. Aunque a corto plazo puede parecer una estrategia para mantener la armonía, a largo plazo suele generar acumulación de resentimiento, sensación de invisibilidad emocional y dificultades para establecer límites. En el contexto de los conflictos de pareja, la comunicación pasiva puede dificultar la resolución efectiva de los problemas, ya que los desacuerdos no se expresan de forma clara ni directa.

En el extremo opuesto se encuentra el estilo de comunicación agresivo, caracterizado por la expresión de opiniones o necesidades de forma dominante, hostil o descalificadora. Las personas que utilizan este estilo tienden a imponer su punto de vista sin considerar las emociones o perspectivas de la otra persona. En los conflictos de pareja, este patrón suele asociarse a críticas, reproches, interrupciones o elevación del tono de voz. Desde el punto de vista de la regulación emocional, la comunicación agresiva suele reflejar dificultades para gestionar la frustración o la ira, lo que puede provocar escaladas conflictivas y respuestas defensivas en la pareja (Gottman & Levenson, 2000).

Un tercer patrón es el estilo pasivo-agresivo, que implica la expresión indirecta del malestar o la frustración. En lugar de comunicar abiertamente las emociones, la persona puede recurrir a comportamientos como el sarcasmo, la ironía, el silencio prolongado o conductas de sabotaje pasivo. Este estilo puede resultar especialmente confuso dentro de la dinámica de pareja, ya que el mensaje emocional se transmite de forma ambigua o encubierta. Como consecuencia, la otra persona puede experimentar dificultades para comprender el origen del conflicto o para responder de forma constructiva. Desde la perspectiva de la regulación emocional, este estilo suele reflejar una combinación de evitación del conflicto y resentimiento no expresado.

Frente a estos patrones disfuncionales, el estilo de comunicación asertivo se considera el más adaptativo en el contexto de las relaciones interpersonales. La comunicación asertiva implica expresar pensamientos, emociones y necesidades de forma clara, directa y respetuosa, manteniendo al mismo tiempo una actitud abierta hacia la perspectiva de la otra persona. En el ámbito de la pareja, este estilo facilita la negociación, la resolución de problemas y la construcción de acuerdos mutuamente satisfactorios. Además, promueve una regulación emocional más eficaz, ya que permite reconocer y verbalizar las emociones antes de que estas se intensifiquen o se expresen de forma desadaptativa.

Desde una perspectiva psicológica, la comunicación asertiva no implica la ausencia de conflictos, sino la capacidad de abordarlos de manera constructiva. En lugar de evitar el desacuerdo o de responder con hostilidad, las personas asertivas suelen centrarse en describir la situación, expresar cómo se sienten y plantear sus necesidades de forma específica. Este enfoque favorece un clima de seguridad emocional en la relación, lo que facilita que ambos miembros de la pareja puedan expresar sus puntos de vista sin temor a ser juzgados o atacados (Gottman & Levenson, 2000).

La relación entre la emoción y el estilo comunicativo

La relación entre comunicación y regulación emocional resulta especialmente relevante durante los conflictos. Cuando las emociones intensas, como la ira o la frustración, no se regulan adecuadamente, es más probable que se activen patrones comunicativos agresivos o pasivo-agresivos. Por el contrario, la capacidad de identificar y expresar las emociones de forma consciente favorece la utilización de estrategias comunicativas más adaptativas. En este sentido, muchas intervenciones psicológicas centradas en la terapia de pareja incluyen el entrenamiento en habilidades de comunicación asertiva y en estrategias de regulación emocional.

A modo de conclusión

En conclusión, los estilos de comunicación desempeñan un papel fundamental en la calidad de las relaciones de pareja y en la forma en que los conflictos son gestionados. Mientras que los estilos pasivo, agresivo y pasivo-agresivo tienden a dificultar la resolución de los desacuerdos y a intensificar el malestar emocional, la comunicación asertiva favorece la comprensión mutua, la regulación emocional y la construcción de relaciones más saludables. Comprender estos patrones comunicativos permite identificar dinámicas disfuncionales y constituye un elemento clave en el trabajo terapéutico orientado a mejorar la calidad de las relaciones interpersonales.

Referencias bibliográficas

Gottman, J. M., & Levenson, R. W. (2000). The timing of divorce: Predicting when a couple will divorce over a 14-year period. Journal of Marriage and Family, 62(3), 737–745. https://doi.org/10.1111/j.1741-3737.2000.00737.x

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