Autora: Mireia Toral, psicóloga general sanitaria en Elisabet Rodríguez – Psicologia i Psicopedagogia (Granollers).
La “ventana de tolerancia” es un concepto desarrollado por Dan Siegel para explicar un aspecto muy importante en psicología clínica: existe un rango de activación fisiológica en el que las personas pueden funcionar adecuadamente a nivel emocional. Siegel (1999) describió este rango como el espacio en el que el sistema nervioso puede integrar emociones, pensamientos y sensaciones corporales sin desbordarse. Cuando se está dentro de esa ventana, es posible pensar con claridad, sentir sin perder el control y responder de manera flexible a lo que ocurre.
El Sistema Nervioso Simpático y el Sistema Nervioso Parasimpático
El sistema nervioso autónomo tiene dos grandes ramas. El sistema simpático se activa ante la amenaza y prepara al individuo para la lucha o la huida: aumenta la frecuencia cardíaca, la tensión muscular y el nivel de alerta. El sistema parasimpático, en cambio, facilita la calma, el descanso y la recuperación. Dentro de la ventana de tolerancia, ambas ramas funcionan de manera coordinada. Hay activación, pero es manejable.
Cuando la activación supera ese rango, la persona se encuentra en hiperactivación. Clínicamente puede manifestarse como ansiedad intensa, irritabilidad, hipervigilancia, ataques de pánico o sensación de pérdida de control. La persona siente que “está demasiado activada”. En el extremo contrario está la hipoactivación, más asociada a desconexión, embotamiento emocional, cansancio extremo o incluso disociación. Aquí la persona puede sentirse “apagada”, vacía o desconectada de sí misma y del entorno.

Aplicación de «la ventana de tolerancia» en psicología clínica
Este modelo es especialmente útil en trauma. Muchas personas con experiencias adversas tempranas tienen una ventana de tolerancia más estrecha. Su sistema nervioso reacciona con mayor rapidez ante estímulos ambiguos o interpersonales. Desde fuera puede parecer una reacción exagerada, pero en realidad es una respuesta neurofisiológica aprendida. También es frecuente que alternen entre hiperactivación e hipoactivación, oscilando entre ansiedad intensa y desconexión.
Comprender la ventana de tolerancia cambia la forma de entender los síntomas. No hablamos de falta de fuerza de voluntad, sino de estados del sistema nervioso. Esta explicación suele aliviar la culpa y facilita la alianza terapéutica.
El trabajo clínico consiste en ayudar a la persona a reconocer sus señales internas y ampliar progresivamente su ventana. Técnicas como la respiración diafragmática, el grounding o el mindfulness pueden ayudar a reducir la hiperactivación. En estados de hipoactivación, puede ser útil introducir movimiento suave, estimulación sensorial o activación conductual gradual. En el abordaje del trauma, intervenciones como EMDR o enfoques somáticos buscan reprocesar experiencias que mantienen al organismo en alerta constante.
Un elemento clave es la co-regulación. La relación terapéutica ofrece un espacio seguro donde el sistema nervioso puede experimentar regulación en presencia de otro. La sintonía emocional, el tono de voz y la validación no son detalles menores: influyen directamente en la regulación autonómica. Con el tiempo, estas experiencias ayudan a que la persona internalice recursos propios.
La ventana de tolerancia no es fija. Puede ampliarse con experiencias repetidas de regulación exitosa, pero también estrecharse en momentos de estrés o falta de descanso. Por eso, además del trabajo terapéutico, es importante cuidar factores básicos como el sueño, el apoyo social y los hábitos diarios.
A modo de conclusión
En definitiva, la ventana de tolerancia ofrece un puente entre la neurobiología y la práctica clínica. Permite entender la ansiedad, la disociación y muchas reacciones emocionales intensas como intentos del sistema nervioso por proteger al individuo. El objetivo no es eliminar la activación, sino aumentar la capacidad de permanecer dentro de un rango en el que se permita sentir, pensar y actuar sin quedar atrapados en los extremos.
Referencias bibliográficas
Siegel, D. J. (1999). The developing mind: How relationships and the brain interact to shape who we are. Guilford Press.