Autora: Jéssica Rodríguez, psicopedagoga en Elisabet Rodríguez – Psicologia i Psicopedagogia (Granollers)
La comprensión lectora es una habilidad esencial para el aprendizaje y el desarrollo de los niños y adolescentes. En el hábito lector no se trata solo de «descodificar» letras y palabras, sino de entender, interpretar y reflexionar sobre lo que se lee. Sin embargo, en los últimos años, se ha observado que muchos estudiantes muestran dificultades para comprender los textos, un fenómeno que preocupa a familias, docentes y psicopedagogos.
Causas de la disminución de la comprensión lectora
Una de las principales causas que se señalan es el uso excesivo de pantallas y la lectura digital. Hoy en día, el alumnado lee principalmente utilizando dispositivos como tablets, móviles u ordenadores, pero este tipo de lectura tiende a ser más superficial; se salta de un texto a otro de forma que se interfiere negativamente en la capacidad para concentrarse en el contenido y no siempre se procesa la información de manera profunda. Esto afecta directamente la capacidad de entender y retener lo leído de manera eficaz.
Otra razón importante es la falta de hábito lector. Cuando la lectura se convierte únicamente en una obligación escolar y no se vincula con intereses o la curiosidad personal, el lector pierde motivación. Leer por placer, en cambio, genera motivación intrínseca, es decir, interés genuino por aprender y explorar el contenido del texto. Esta motivación es clave para que los alumnos se involucren y mantengan la atención durante la lectura.
También influyen las dificultades en habilidades cognitivas básicas, como un vocabulario limitado, problemas de atención o una memoria de trabajo insuficiente. Estos aspectos hacen que la persona lea palabras, pero no comprenda el mensaje completo. Por ejemplo, si no entiende ciertas palabras o frases, su capacidad para seguir la idea central del texto se ve afectada.
Por último, factores emocionales y contextuales como el estrés, la sobrecarga académica o la falta de tiempo para la lectura recreativa también pueden disminuir la comprensión lectora. De hecho, cuando los niños están cansados o preocupados, les resulta más difícil concentrarse y procesar la información de manera efectiva.
Consecuencias de la disminución de la comprensión lectora
La falta de comprensión lectora afecta no solo el área de lenguaje, sino casi todas las asignaturas escolares, ya que la mayoría de las materias dependen de la lectura para aprender y aplicar conceptos. Por ejemplo, un niño que no comprende bien los problemas de matemáticas o las instrucciones en ciencias tendrá dificultades para seguir el ritmo de la clase.
Además, la falta de comprensión puede afectar la confianza y la motivación del alumno. Por lo que aquellos niños que perciben que “no entienden lo que leen” suelen frustrarse y evitar la lectura, generando un círculo negativo: menos lectura, menor comprensión y mayor desmotivación.
Por otro lado, las habilidades cognitivas y de pensamiento crítico se ven afectadas. La comprensión lectora permite analizar, comparar y reflexionar sobre la información, por lo que un déficit en esta área puede limitar la capacidad de resolver problemas y tomar decisiones fundamentadas.

Estrategias psicopedagógicas para mejorar la comprensión lectora
Afortunadamente, existen estrategias que pueden ayudar favorecer su comprensión lectora, tanto en casa como en la escuela, las cuáles se detallan a continuación:
- Fomentar la lectura por placer: es fundamental que los niños lean textos que les resulten interesantes y motivadores. Los cuentos, cómics, revistas o libros sobre temas que les apasionen pueden despertar su curiosidad y mantener su atención durante más tiempo. Además, cuando la lectura es voluntaria y atractiva, el aprendizaje se vuelve más efectivo.
- Planificar y autorregular la lectura: ayudar a los niños a organizar su lectura en pasos pequeños, establecer metas y revisar lo que han comprendido les permite aprender a aprender. Por ejemplo, pueden leer un capítulo y después resumirlo o explicar lo que entendieron del texto. Esto refuerza tanto la comprensión como la capacidad de memoria.
- Técnicas de lectura activa: subrayar palabras clave, tomar notas, elaborar mapas conceptuales o formular preguntas sobre el texto son estrategias que promueven un aprendizaje activo. Estas técnicas ayudan a los niños a procesar la información en profundidad y a retenerla por más tiempo.
- Ampliar el vocabulario: trabajar el significado de palabras nuevas y enseñar a inferir su significado a partir del contexto mejora la comprensión general del texto. Además, un vocabulario más amplio permite que el niño acceda a ideas más complejas y comprenda mejor los matices del lenguaje.
- Conectar con otras actividades: relacionar la lectura con escritura, debates, dramatizaciones o proyectos prácticos ayuda a que los niños apliquen lo que leen y lo comprendan en diferentes contextos. Esto fortalece la transferencia del aprendizaje y aumenta la motivación.
- Uso equilibrado de la tecnología: leer en dispositivos puede ser útil si se combina con técnicas de lectura profunda, momentos sin distracciones y discusión sobre el contenido. La clave es evitar que la lectura digital sea sólo superficial y fragmentada.
El rol de la familia y de los docentes
El acompañamiento activo de las familias y los docentes es esencial para mejorar la comprensión lectora. Leer junto a los niños, conversar sobre los textos, hacer preguntas abiertas y compartir opiniones fomenta la reflexión y ayuda a consolidar lo aprendido. Detectar a tiempo las dificultades permite intervenir con estrategias personalizadas, evitando que el problema se acentúe.
A modo de conclusión
La disminución de la comprensión lectora es un desafío importante, pero no irreversible. Por lo que con apoyo constante, estrategias adecuadas y motivación, los niños pueden mejorar significativamente su capacidad para entender y disfrutar los textos. Fomentar la lectura por placer, planificar la lectura, trabajar vocabulario y aplicar técnicas activas son herramientas que ayudan a convertir la lectura en un hábito positivo y enriquecedor. Además, la colaboración entre familia y escuela es clave para acompañar este proceso y asegurar que los niños se conviertan en lectores autónomos, críticos y motivados.
Referencias bibliográficas
Guthrie, J. T., & Wigfield, A. (2000). Engagement and motivation in reading. En M. Kamil, P. Mosenthal, P. Pearson y R. Barr (Eds.), Handbook of reading research (Vol. III, pp. 403–422). Mahwah, NJ: Erlbaum.