LA VUELTA A LA RUTINA ESCOLAR DESDE UNA PERSPECTIVA PSICOPEDAGÓGICA

Autora: Jéssica Rodríguez, psicopedagoga en Elisabet Rodríguez – Psicologia i Psicopedagogia (Granollers)

Las vacaciones de Navidad suelen vivirse como un periodo de descanso, disfrute y desconexión tanto para los niños como para las familias. Sin embargo, cuando terminan, la vuelta a la rutina puede convertirse en un momento complicado para muchos niños y niñas: aparecen cambios en los horarios, aumento de exigencias académicas y la necesidad de volver a adaptarse a normas y ritmos estructurados lo que hace que este regreso no siempre sea sencillo.

Desde la psicopedagogía, es importante entender que esta dificultad no responde a falta de interés, pereza o desmotivación, sino a un proceso natural donde el cerebro debe reajustarse ante un cambio de contexto. Como bien sabemos, durante las vacaciones, las rutinas diarias suelen relajarse, los horarios de sueño se retrasan, hay mayor flexibilidad en las comidas, disminuyen las demandas académicas y aumenta la estimulación social y emocional. El cerebro se adapta rápidamente a este nuevo ritmo donde las funciones ejecutivas —como la atención sostenida, planificación o el autocontrol— no se activan de forma constante. Esto no es algo negativo, ya que es necesario descansar y disfrutar para el bienestar emocional. No obstante, el problema aparece cuando se espera que el niño vuelva de un día para otro al mismo nivel de exigencia y rendimiento que antes de las vacaciones. La adaptación no es inmediata.

Es habitual que, durante los primeros días o semanas tras la vuelta al colegio, aparezcan ciertas dificultades, como cansancio, falta de concentración, irritabilidad, menor tolerancia a la frustración o incluso pequeñas regresiones en hábitos que ya estaban adquiridos. Estos comportamientos no se deben interpretar como un retroceso, sino como parte del proceso de adaptación, ya que el cerebro necesita tiempo para reorganizarse, volver a activar determinadas funciones cognitivas y reajustarse a un entorno más estructurado. Especialmente en alumnado con dificultades de aprendizaje, TDAH o TEA, este periodo puede vivirse con mayor intensidad ya que la pérdida de rutinas y la sobreestimulación propia de las fiestas pueden aumentar la sensación de desbordamiento al volver al aula.

El papel de las funciones ejecutivas

La vuelta a la rutina implica una activación importante de las funciones ejecutivas: levantarse a una hora concreta, preparar la mochila, atender en clase, seguir instrucciones y organizar tareas. Tras un periodo de menor exigencia, estas habilidades no se “apagan”, pero sí necesitan un tiempo para volver a funcionar de forma eficiente.

Por ello, exigir el máximo rendimiento desde el primer día puede generar frustración, ansiedad y rechazo hacia el aprendizaje. Acompañar este proceso de forma progresiva favorece una adaptación más sana y respetuosa con los ritmos del niño.

Acompañar desde casa

Cabe destacar que la familia tiene un papel clave en este periodo de transición. Recuperar horarios estables de sueño es uno de los factores más importantes, ya que el descanso influye directamente en la atención, el estado de ánimo y la capacidad de aprendizaje.

Además, es recomendable retomar poco a poco rutinas relacionadas con el estudio y las responsabilidades, sin sobrecargar al niño desde el inicio. Por ello, se debe validar cómo se siente, escuchar sus emociones y normalizar que la vuelta cuesta ya que ayuda a reducir la presión y el malestar. Por lo que mensajes como “es normal que te cueste volver” o “poco a poco irás recuperando el ritmo” transmiten seguridad y comprensión, y favorecen una actitud más positiva hacia el regreso a la escuela.

La escuela como espacio de acogida

Desde el ámbito escolar, la vuelta de Navidad debería contemplarse como un periodo de readaptación. Crear espacios de acogida, dedicar tiempo a hablar de cómo han vivido las vacaciones o realizar actividades más dinámicas y cooperativas puede facilitar el reencuentro con el aula.

La anticipación y la estructura son especialmente importantes en este momento, por lo que explicar qué se espera, qué se va a trabajar y cómo se organizará el día aporta seguridad y reduce la ansiedad. No se trata de bajar el nivel, sino de ajustar el ritmo para que el alumnado pueda volver a conectar con el aprendizaje de forma progresiva.

Evitar comparaciones y presión excesiva

Uno de los errores más frecuentes tras las vacaciones es comparar el rendimiento del niño con el de otros compañeros o con su propio rendimiento previo. Cada niño necesita un tiempo distinto para adaptarse, y forzar el proceso puede generar bloqueos emocionales y cognitivos. Desde la psicopedagogía, se recomienda poner el foco en el esfuerzo, la actitud y el proceso de adaptación, más que en los resultados inmediatos. Reforzar pequeños logros diarios ayuda a recuperar la confianza y la motivación.

Convertir la vuelta en una oportunidad

La vuelta a la rutina después de la Navidad puede convertirse en una oportunidad para trabajar habilidades fundamentales como la autorregulación, la gestión emocional y la tolerancia a la frustración. Acompañar este proceso desde la comprensión, el respeto y la coherencia permite crear bases sólidas para el resto del curso.

Entender que el aprendizaje no es lineal y que los tiempos de adaptación forman parte del desarrollo es clave para favorecer el bienestar emocional y académico de los niños y niñas. Cuando el entorno acompaña sin exigir de forma desmedida, el cerebro vuelve a encontrar su equilibrio y el aprendizaje fluye de manera más natural.

A modo de conclusión

En resumen, volver a la rutina después de las vacaciones no es un problema, sino un momento de adaptación natural. Por ello, acompañar a los niños y niñas con paciencia, estructura y comprensión les ayuda a recuperar hábitos, gestionar sus emociones y retomar el aprendizaje con seguridad. Cada niño necesita su propio ritmo para adaptarse, y respetarlo es fundamental para que el comienzo del trimestre sea más tranquilo y positivo.

Referencias bibliográficas

García Bacete, F. J., & Doménech Betoret, F. (2002). Motivación, aprendizaje y rendimiento escolar. Revista Electrónica de Motivación y Emoción, 5(10).

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