Autora: Jéssica Rodríguez, psicopedagoga en Elisabet Rodríguez – Psicologia i Psicopedagogia (Granollers)
A pesar de que en breve llegará a su fin, de forma general, la época veraniega es una de las más esperadas por niños, niñas y adolescentes. Después de meses de rutinas escolares, tareas y actividades extracurriculares, llega el ansiado descanso. Sin embargo, para muchas familias, esta etapa también representa un reto: ¿cómo organizar el tiempo libre de los hijos? ¿Cómo evitar que se pasen el día frente a las pantallas? ¿Qué papel tiene el aprendizaje durante las vacaciones? En este artículo ofrecemos una serie de pautas psicopedagógicas para acompañar a las familias en la planificación del verano, buscando el equilibrio entre descanso, disfrute y desarrollo personal.
1. El valor del descanso: una necesidad, no un lujo
Es importante entender que el descanso es una parte esencial del desarrollo infantil. Después de un curso escolar, los niños y adolescentes necesitan desconectar, dormir más horas, tener tiempo libre no estructurado y reducir el nivel de exigencia. Esto no significa caer en la inactividad o el aburrimiento, sino permitir un ritmo más pausado, en el que puedan recuperar energía física y emocional.
Recomendación: Durante las primeras semanas de vacaciones, se puede permitir una cierta flexibilidad en los horarios, sobre todo de sueño, sin perder de vista que las rutinas aportan seguridad y bienestar.
2. Rutinas flexibles, pero presentes
Aunque las vacaciones rompen la rutina escolar, no significa que todo deba volverse caótico. Mantener algunas rutinas, como los horarios de comidas, higiene y sueño, aporta un marco de seguridad emocional. A partir de ahí, se puede construir una planificación flexible de actividades, en la que se alternen momentos de juego, lectura, tiempo en familia y también espacios de autonomía.
Recomendación: Crear un calendario semanal visual en el que los niños puedan ver qué harán cada día, incluyendo actividades esperadas como excursiones, visitas a familiares o talleres, ayuda a anticipar y evitar la frustración.
3. El juego como herramienta de desarrollo
El verano es el momento ideal para recuperar el juego libre, creativo y sin normas rígidas. A través del juego, los niños expresan emociones, desarrollan habilidades cognitivas, fortalecen su lenguaje y aprenden a relacionarse.
Recomendación: Fomentar juegos simbólicos, de construcción, de mesa o al aire libre. Si se puede, evitar un exceso de juguetes estructurados y apostar por materiales abiertos como cajas, telas, elementos naturales o construcciones.
4. Las pantallas: cómo poner límites saludables
El tiempo libre aumenta y, con ello, el riesgo de que las pantallas ocupen un lugar central en el día a día. No se trata de prohibir, sino de acompañar y regular. Un uso excesivo de pantallas puede afectar al sueño, la atención, el estado de ánimo y las relaciones sociales.
Recomendación: Establecer tiempos de pantalla diarios consensuados y visibles (por ejemplo, una hora al día para videojuegos o YouTube) y ofrecer alternativas atractivas. Además, fomentar que las pantallas estén en espacios comunes y no en las habitaciones.
5. Lectura de verano: placer, no obligación
Leer durante las vacaciones no debería vivirse como una tarea escolar, sino como una oportunidad para descubrir mundos, historias y emociones. Fomentar la lectura desde un enfoque lúdico y compartido es clave para consolidar el hábito.
Recomendación: Visitar bibliotecas, ferias del libro o librerías, dejar que los niños escojan libros que les interesen y proponer momentos de lectura conjunta o en voz alta. También valen los cómics, revistas, audiolibros o lecturas en formato digital.

6. Espacios para la autonomía y la responsabilidad
Durante el curso, la vida de los niños está muy estructurada. El verano puede ser una gran oportunidad para fomentar la autonomía personal y la responsabilidad. Involucrarlos en tareas cotidianas les hace sentirse útiles y parte activa de la familia.
Recomendación: Repartir tareas según la edad (preparar la mochila para ir a la playa, ayudar a cocinar, poner la mesa, cuidar de una mascota o regar las plantas). También se pueden proponer retos semanales relacionados con la autonomía.
7. Aprendizajes informales: todo es una oportunidad para aprender
El verano no debe convertirse en una continuación de la escuela, pero sí puede ser un escenario rico en aprendizajes. Cocinar, hacer excursiones, visitar museos, explorar la naturaleza o incluso aburrirse, pueden despertar la curiosidad y el pensamiento crítico.
Recomendación: Aprovechar las experiencias cotidianas para reforzar contenidos escolares de manera natural (por ejemplo leer un cartel, calcular un presupuesto en el supermercado, escribir una postal). Estas experiencias son más significativas que cualquier ficha.
8. Conexión emocional: más tiempo, más vínculo
Pasar más tiempo juntos es también una oportunidad para fortalecer el vínculo afectivo entre adultos y niños. Escuchar, acompañar, observar sus juegos o interesarse por lo que les gusta genera conexión emocional y seguridad.
Recomendación: Reservar momentos sin prisas para simplemente estar juntos: una caminata, una conversación antes de dormir, una tarde de juegos o ver una película comentando lo que más gustó.
9. Preparar juntos la vuelta al cole
Aunque aún quede mucho verano por delante, es recomendable que la última semana de agosto o los primeros días de septiembre se empiece a preparar el regreso a la rutina escolar. Hacerlo de forma anticipada y progresiva ayuda a reducir la ansiedad y facilita la adaptación.
Recomendación: Reorganizar los horarios de sueño, revisar el material escolar, visitar la escuela o repasar con ellos qué esperan del nuevo curso puede hacer que la vuelta al cole sea más positivas.
A modo de conclusión
Por lo tanto, el verano es una oportunidad valiosa para reforzar los vínculos familiares, fomentar la autonomía, descubrir nuevas pasiones y, sobre todo, disfrutar del tiempo compartido. Implementando unas pautas básicas y mucho sentido común, es posible convertir estas vacaciones en una experiencia enriquecedora para todos.
Referencias bibliográficas
Fundación Bofill. (2022). Verano: una oportunidad educativa. Propuestas para garantizar aprendizajes, equidad y bienestar