Autora: Mireia Toral, psicóloga general sanitaria en Elisabet Rodríguez – Psicologia i Psicopedagogia (Granollers).
La función y las fases del sueño
El sueño, una necesidad biológica fundamental, desempeña un papel esencial en la salud y el bienestar humanos. Más allá de ser un periodo de descanso, el sueño es un proceso activo en el que el cerebro realiza funciones críticas para la consolidación de la memoria, la regulación emocional y la restauración física. En este artículo, veremos cómo el sueño afecta nuestras funciones cognitivas y emocionales, destacando la importancia de mantener una calidad y cantidad adecuada de descanso.
El sueño consta de varias fases, incluidas las de movimiento ocular no rápido (NREM) y movimiento ocular rápido (REM). Cada una de estas fases cumple funciones específicas que impactan directamente el rendimiento cognitivo y la estabilidad emocional:
- Fase NREM: Fundamental para la consolidación de la memoria y la restauración física. Durante esta fase, el cerebro organiza y almacena información aprendida durante el día.
- Fase REM: Relacionada con la creatividad, la resolución de problemas y el procesamiento emocional. Es en esta etapa donde ocurren la mayoría de los sueños.
Infuencia del sueño en la cognición
El impacto del sueño en nuestras capacidades cognitivas es muy significativo. Durante el sueño, el cerebro organiza y almacena la información adquirida a lo largo del día, un proceso conocido como consolidación de la memoria. Diversos estudios han demostrado que la fase REM es particularmente importante para transferir recuerdos del almacenamiento a corto plazo al almacenamiento a largo plazo. Esto explica por qué las personas que duermen lo suficiente tienden a aprender y retener mejor la información en comparación con quienes experimentan privación del sueño.
Además de la memoria, el sueño es crucial para otras habilidades cognitivas como la atención y la concentración. Una noche de mal descanso puede afectar significativamente nuestra capacidad para enfocarnos en tareas complejas y realizar múltiples actividades. Esta disminución de la atención está directamente relacionada con la actividad en el córtex prefrontal, una región del cerebro encargada de funciones ejecutivas como la toma de decisiones y la planificación.

Influencia del sueño en el ámbito emocional
En el ámbito emocional, el sueño juega un papel igualmente crucial. Durante las horas de descanso, el cerebro no solo procesa información factual, sino también experiencias emocionales. La fase REM, en particular, ayuda a reducir el impacto de recuerdos traumáticos o emociones intensas, lo que facilita la regulación emocional. Cuando no dormimos lo suficiente, somos más propensos a experimentar irritabilidad, cambios de humor y una mayor sensibilidad ante situaciones cotidianas. De hecho, la privación del sueño puede agravar trastornos como la ansiedad y la depresión.
El impacto de la falta de sueño no se limita al plano psicológico; también tiene consecuencias físicas significativas. Por ejemplo, la privación crónica del sueño puede aumentar los niveles de cortisol, la hormona del estrés, lo que a su vez incrementa el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Asimismo, el sistema inmunológico se ve comprometido, haciendo que las personas sean más vulnerables a infecciones.
A modo de conclusión
Es evidente que la relación entre el sueño y la salud mental es bidireccional. Por un lado, la falta de sueño puede exacerbar problemas psicológicos y físicos. Por otro lado, el estrés y la ansiedad también pueden dificultar la conciliación del sueño, perpetuando un círculo vicioso. Este fenómeno subraya la importancia de abordar los problemas de sueño no solo como un síntoma, sino como un factor determinante en el bienestar integral.
A partir de todo lo expuesto, se extrae como imprescindible promover pautas de higiene del sueño para optimizar el descanso. Algunas pautas beneficiosas para conseguirlo son las siguientes:
- Establecer una rutina de sueño: Ir a la cama y despertar a la misma hora todos los días ayuda a regular el reloj biológico.
- Crear un ambiente propicio: Mantener el dormitorio oscuro, tranquilo y fresco favorece la conciliación del sueño.
- Limitar el uso de dispositivos electrónicos: La luz azul de las pantallas inhibe la producción de melatonina, una hormona clave para el sueño.
- Adoptar técnicas de relajación: La meditación, la respiración profunda y otras estrategias de manejo del estrés pueden facilitar el descanso.
En conclusión, el sueño es mucho más que un período de descanso; es un pilar fundamental para el funcionamiento cognitivo y emocional. Desde la consolidación de la memoria hasta la regulación emocional, sus beneficios son profundos y esenciales para el bienestar general. Promover hábitos saludables y educar sobre la importancia del sueño puede marcar una diferencia significativa en la calidad de vida de las personas.
Referencias bibliográficas
- Baranwal, N., Yu, P. K., & Siegel, N. S. (2023). Sleep physiology, pathophysiology, and sleep hygiene. Progress in cardiovascular diseases, 77, 59–69. https://doi.org/10.1016/j.pcad.2023.02.005
- Mason, G. M., Lokhandwala, S., Riggins, T., & Spencer, R. M. C. (2021). Sleep and human cognitive development. Sleep medicine reviews, 57, 101472. https://doi.org/10.1016/j.smrv.2021.101472